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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 16. Los amores entre Izanago e Izanami.


En la obra Sintoísmo, de Sokyo Ono, leí las líneas básicas de la creación de Japón. Izanagi-no-mikoto e Izanami-no-mikoto (el matrimonio de hermanos Izanagi e Izanami) provenían de la Alta Planicie Celestial y crearon las Ocho Islas Majestuosas, en definitiva, el archipiélago japonés. También crearon todas las cosas, incluidos numerosos kami[1]. "De entre estos kami, tres eran los más venerados: la diosa del Sol (Amaterasu-õ-mikami), el kami de la Alta Planicie Celestial; su hermano (Susa-no-o-no-mikoto), que estaba a cargo de la Tierra; y la diosa de la Luna (Tsuki-yomi-no-mikoto), que era el kami del País de las Tinieblas”.[2]
El escritor español Vicente Blasco Ibáñez nos aportaba la versión que le ofrecieron en su viaje sobre los amores entre Izanagi e Izanami:
 "Al arrojar al mundo al dios del Fuego, murió a consecuencia de este parto ígneo, y su marido quiso recobrarla penetrando en el reino de los muertos, como Orfeo, el divino cantor, fue en busca de su difunta Eurídice. Después de numerosos combates para abrirse paso, el valeroso Izanagi rescató a su esposa; pero al abrazarla lo hizo con tanto entusiasmo, que rompió uno de los dientes de su peineta, y la majestuosa diosa se transformó en un amasijo de carnes putrefactas, cayendo al suelo. Para purificarse de tal contacto el viudo se bañó en un torrente, y de cada una de las piezas de la vestidura, abandonada en la orilla, fue surgiendo un dios. Además, de su ojo izquierdo nació Amaterasu, la diosa del Sol; de su ojo derecho, el dios de la Luna, y de su nariz, Susanowo, el Hércules de la mitología japonesa, más violento aún que éste en sus hazañas guerreras y sus acometidas amorosas.
Del acoplamiento de la hermosa Amaterasu y del agresivo Susanowo descienden los actuales emperadores del Japón".[3]



[1] Los kamis son las deidades nativas de Japón.
[2] Sintoísmo. La vía de los Kami, página 19
[3] Japón, de Vicente Blasco Ibáñez, página 30

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