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Yo me quedo en casa 36. Sálvese quien pueda.


Interior del Senado. Madrid.

Hace unos días leía la crítica que Juan Echanove realizaba al actual ministro de Cultura al no haber adoptado medidas específicas para salvar al sector. Un sector que tradicionalmente se ha alineado con la izquierda y que ha sido bastante duro con los gobiernos de centro-derecha.
Los medios aparecen plagados de mensajes de sectores que reclaman planes concretos para salir de la crisis. El sector de la automoción, muy importante en nuestra economía, o el turístico, que va a sufrir por el cierre de fronteras y el miedo a que tarde en recobrarse una sociabilidad al estilo tradicional de los pueblos mediterráneos, son dos ejemplos claros que sin duda disfrutarán de medidas específicas.
Los grandes triunfadores de ese de-lo-mío-qué-hay son hasta ahora los medios de comunicación, con los 15 millones de euros reconocidos y publicados en el BOE, lo que ha generado ciertas críticas. Es cierto que están en quiebra técnica, que ha caído su principal ingreso, la publicidad, pero más bien se interpreta como una forma segura de atraerlos a su lado y no en su contra. Podrán pagar sueldos, aunque los grandes damnificados pueden ser los colaboradores, los freelance, autónomos, al fin y al cabo.
Los sectores más fuertes son los que pueden hacer una campaña más efectiva para seducir o para dañar al Gobierno y, previsiblemente, gozar de ese trato favorable y especifico que reclaman. Los que pueden hacer menos ruido deberán conformarse con las medidas generales que, hasta la fecha, son claramente insuficientes. Las ventajas de unos van en detrimento de otros. No parece haber dinero para todos.
El Gobierno ha de ser consciente de que es mejor realizar un gasto en ayudas para salvar autónomos y pymes y evitar que esas empresas y esos trabajadores dejen de generar ingresos que, en definitiva, suponen generar Impuesto de Sociedades, Impuesto sobre la Renta e IVA. Por el contrario, el cierre de las empresas supondría pasar a engrosar las listas del paro, lo que supondría un importante gasto social en forma de prestaciones por desempleo. En esa dinámica, aparentemente sencilla pero terriblemente endiablada, nos moveremos en un futuro próximo.
Europa ha abierto la mano y, aunque se ha negado a los coronabonos, inyectará liquidez al sistema para que continúe engrasado. Otra cosa hubiera sido un suicidio. Desconocemos si Holanda, que fue la que bloqueó las negociaciones, ha sacado una suculenta tajada por alzar el veto. Nadie da nada gratis.
Nuevamente, la fuerza determina el destino.

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