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Yo me quedo en casa 30. Tiempo de reflexión, tiempo de agradecer.

Museo Nacional de Escultura de Valladolid.


¿Tan miserable es nuestro tiempo que algo
digno, algo que no se venda sino que, alto
y puro, arda en amor del pueblo y nos levante
ya no es motivo de alegría?...
De Conjuros, de Claudio Rodríguez.

En estos días de Semana Santa propicios para la reflexión me doy cuenta de que soy un privilegiado y por ello debo de dar gracias a Dios, como buen cristiano (objetivamente mejorable, eso sí) o simplemente como persona agradecida.
Conservo la salud, que es lo más importante en estos momentos. No sé si he quedado al margen del contagio, si lo he contraído y soy asintomático o estoy en alguno de los demás estadios que la ciencia médica utiliza para catalogar a los enfermos. No sé si esa situación se prolongará en el futuro, pero no me agobio, no hago cábalas inútiles. Sí extremo el cuidado para no contagiarme y para mantener mis defensas en guardia. Y, mañana, Dios dirá. Mientras, doy gracias a Dios. Los no creyentes pueden hacer lo mismo agradeciendo a lo que estimen conveniente.
Mi mente continúa despejada. Las molestias en la espalda y el cuello las voy subsanando con los programas de ejercicios diseñados por mi ángel de la guardia, Borja, mi entrenador personal, que me hace un seguimiento puntual y me da consejos y pautas para mejorar mi cuerpo y, en definitiva, mi ánimo. Con dolores es complicado mantener la cordura. Apelo a mi disciplina, que se traduce en evitar a las malas posturas, dosificar, hacer ejercicio. Nuevo motivo para dar gracias.
Al analizar el aluvión de boletines y normas califico que no soy un ciudadano en estado de vulnerabilidad económica. He pagado mi cuota trimestral del Colegio de Abogados, la mensualidad de la Mutualidad de la Abogacía (equivalente a la cuota de autónomos), los consumos… no he tenido necesidad de moratorias ni de fraccionamientos. Clamo porque lleguen las ayudas a los necesitados. Yo no las necesito. El saldo de mi cuenta me permite ser optimista en cuanto a aguantar la sequía económica que vivimos y que se prolongará, esperemos que no sea por demasiado tiempo y sin grandes secuelas. Por tercera vez doy gracias a Dios.
Cuando miro en mi entorno más inmediato, familia y amigos, no encuentro grandes destrozos. No han quedado afectados por ERTEs, se están dejando la piel con el teletrabajo, su horizonte no anuncia tormenta inmediata. Se tendrán que apretar el cinturón, como todos. Algunos han perdido seres queridos, otros están preocupados por la incertidumbre, pero sé que saldrán adelante y que podremos contarlo cuando volvamos a vernos. Cuarto motivo para cumplir aquello de que es de bien nacidos ser agradecidos.
Nos faltan los abrazos, pero mi entorno derrocha amor y eso me ayuda a proyectar mi amor sobre otros. Estoy solo, pero no estoy afectado por el virus de la soledad. Contabilizo muchas personas que se han ofrecido a ayudarme, aunque ahora mismo, gracias a Dios, no las necesito.
Sigo meditando y me quedo en un bucle de agradecimiento.

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