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Yo me quedo en casa 29. Mensajes positivos.

La Coruña desde el mirador de San Pedro.

Una oficina del paro. Los ciudadanos hacen cola con cara de circunstancias. Los funcionarios les atienden con la inercia de la rutina. De pronto, de entre los asientos de la sala de espera, se levanta una persona con un oboe e inicie una melodía. El sonido del instrumento es absorbido por el rumor general. Se levanta otro músico con un clarinete, se acopla al ritmo. Los de alrededor abandonan su sopor con cierta curiosidad. Se alzan más músicos y una joven empieza a cantar Here comes the sun, de los Beatles. Todo el mundo se gira hacia ellos, primero sorprendidos, luego encantados. Algunos apoyan la canción con sus coros, a todos se les ilumina el rostro. Ha salido el sol en un día tan oscuro como es el de tramitar el desempleo.
Al charlar por teléfono con mi amiga Carmen (hay que potenciar el contacto más personal posible) comenta que ha dejado de ver el telediario y seguir determinadas informaciones porque tienen un efecto negativo sobre su ánimo. Ha dejado de seguir algunos grupos de whatsapp en que se han encrespados las críticas políticas y filtra a quienes sólo transmiten negatividad. El desgaste puede ser insoportable. Acierta en su planteamiento.
El móvil se llena de mensajes de todo tipo, de videos divertidos, comentarios de esas hazañas ciudadanas de héroes anónimos, gestos que elevan la moral, avisos para que no nos perdamos ese ocio gratuito que nos saque del aburrimiento. Pero también abundan las noticias falsas, las informaciones apocalípticas, elementos que inciden en la desesperación.
Igual que nos hacen un llamamiento para que hagamos ejercicio casero para mantener la salud de nuestro cuerpo, debemos de proteger nuestras mentes y nuestros espíritus en esta carrera de fondo en que no sabemos dónde se ubica la meta. Hay que pensar en positivo, aprovechar el tiempo para esas cosas para las que no veíamos oportunidad. No es fácil, lo reconozco, pero hay que poner todas nuestras energías en lo positivo. Demasiados elementos bombardean nuestra vulnerable moral.
O nos animamos o el estrés, el miedo, la mala sangre y las malas noticias harán más daño que el propio virus.

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