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Yo me quedo en casa 26. Seguimiento y control.


El día comienza con los gritos indignados del portero. A pesar de que ayer, como todos los días, salvo el sábado, vino por la noche a recoger la basura y sacar los cubos, ha habido vecinos que han dejado las bolsas en el descansillo del bajo (a escasos 5 metros de los cubos), una acumulación tan reprobable como peligrosa.
Con las nuevas normas aprobadas por el Gobierno (que se publicaron casi a medianoche del domingo 29 de marzo), la actividad de recogida de basura se considera esencial, no así la de conserje de la finca. Las pautas que le ha dado el administrador son sencillas: limpiar y marcharse. No puede quedarse varado en su puesto.
Ha habido un cambio: la gente tiene miedo. Ángel, el conserje, no sabe si tiene el virus o si lo puede contraer al realizar sus funciones, o ser un agente transmisor. Me dice que dos personas del edificio han sido hospitalizadas, algo que desconocía. El hombre se ha ofrecido en estas tres primeras semanas a hacer la compra a la gente más vulnerable, a echar una mano en lo que sea necesario. Por eso le animo a que siga expresando su indignación para que esa pandilla de vecinos insolidarios e impresentables sepan que lo son.
Entre los múltiples boletines que me llegan, en la revista Otrosí, del Colegio de Abogados de Madrid, aparece un artículo de Daniel Loscertales titulado El coronavirus en las comunidades de propietarios: responsabilidad y solidaridad. Cuando escucho a una vecina que desde su balcón increpa a otra por salir a pasear (son las mismas protagonistas todos los días) identifico esa irresponsabilidad y esa falta de solidaridad. No son conscientes de que pueden matar a alguien o que pueden estar sembrando la muerte en su cuerpo.
En paralelo, leí un artículo de Expansión del 23 de marzo, de Alejandro Galisteo: “Tu móvil te espía para avisar a la policía si te saltas la cuarentena”. Los datos que ahora utilizar las empresas de telecomunicaciones para su análisis de big data pueden ser también utilizados para comprobar el movimiento de las personas, algo ya utilizado con éxito en países asiáticos para monitorizar la actividad de los contagiados. Al fin y al cabo, nuestro móvil dispone de un GPS que facilita esa comprobación, algo que conocemos por las series policiacas. Algunas aplicaciones de seguimiento de la actividad de salud, como las de contar los pasos, podrían ejercer ese control. Eso recuerda mucho al Gran Hermano de 1984, de George Orwell.
Si no se impone la sensatez, y la gente opta por hacer lo que le salga del alma, habrá que imponerla haciendo valer las prohibiciones.

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