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Uua saga islandesa en autocarvana 145. Hacia la Bahía Humeante (Reikiavik).



En todos los textos que habíamos consultado aconsejaban rodear Hvalfjördur y disfrutar de sus paisajes. Para nosotros la alternativa del túnel que acortaba el trayecto cerca del mar era poco viable ya que estábamos en la base del fiordo y en cualquier caso teníamos que dirigirnos hacia el mar. El trayecto no nos decepcionó en absoluto. Únicamente no nos ofreció un lugar cómodo donde cocinar.
Al principio, parecía una laguna grande y alargada. Al fondo, unas colinas cerraban la vista hacia el mar. Esa extensión de agua estaba limitada por las montañas que descendían con suavidad.
Las zonas bajas formaban atractivos meandros con la desembocadura del río. No se veía un alma en varios kilómetros. Jose se divertía captando esas imágenes fugaces. No teníamos demasiada prisa aunque las tripas lanzaban un mensaje de alarma.
En este lado sur también había restos de las instalaciones de la Segunda Guerra Mundial. Al otro lado, estaban los depósitos. Los campos se debatían entre el verde y el amarillo. Pequeños bosquecillos adornaban las faldas de las colinas. Aparecieron algunas granjas. Y una población más grande al otro lado.
En la carretera hacia Reikiavik paramos en una gasolinera que disponía de unas mesas con bancos. Había que dar salida a nuestras últimas provisiones.
Percibías Reikiavik desde la distancia. El ámbito rural daba paso a un nuevo ámbito más urbano. La sucesión de granjas evolucionaba hacia poblaciones que se concatenaban sin dejar espacios que las diferenciaran. El área metropolitana de la capital era muy extensa, de casas bajas de múltiples colores que a la luz del verano reverberaban ante nosotros.

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