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Una saga islandesa en autocaravana 156. Gardur y Sangerdi.



En la península abundaban los yacimientos geotermales, como el Geoparque Global, protegido por la Unesco, que afloraban generando nubes de vapor. Era también buena zona de avistamiento de ballenas, delfines y otros seres marinos, y de abundantes aves. Otro gran atractivo eran los pueblos pesqueros, fruto de su riqueza pesquera que se remontaba a siglos atrás. Las flotas habían generado prosperidad y poblaciones agradables a la vista. Grindavík era digno de una visita, pero ya no había tiempo para ello y nos concentramos en los lugares más cercanos.
Gardur era una suma de casas que recorrimos sin demasiado interés. Algunas eran hermosas, aunque en conjunto no nos decía nada. Prolongamos hacia el faro, a pocos kilómetros. El moderno era una torre alta y orgullosa. Más interesante era el antiguo, reconvertido en café de diminutas proporciones. Ocupaba el lugar donde vivió el farero. Debió ser dura su vida, aislado y reducido a aquel espacio. El café era coqueto y acogedor.
La luz de esas primeras horas de la mañana era primorosa. Suave, cálida, acariciaba el mar, el faro, la tierra. Disfrutar de esa luz era todo un privilegio y ello influyó en nuestro buen humor a pesar de la inminencia de nuestro regreso.

En ese mismo ámbito habían varado en tierra dos pesqueros. El primero, más cerca del moderno museo popular, estaba en mal estado y no se podía visitar. El segundo era accesible, aunque también lo era para los gamberros que debían utilizarlo para beber y otras fechorías. Subimos, recorrimos la cubierta, bajamos a la zona común, al dormitorio de la marinería y al del capitán, a la sala de mandos. Se conservaba como hace décadas, aunque más sucio y con cristales rotos.
El museo, The Folk Museum at Gardskagi, atesoraba una estupenda colección de motores. Estaba cerrado. Era demasiado temprano. En las aguas cercanas se atisbaban fácilmente muchas aves.
Sangerdi era un importante puerto a nivel local y estaba repleto de almacenes y construcciones relacionadas con la pesca. La flotilla de barcos pesqueros era entrañable.

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