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Una saga islandesa en autocaravana 149. Reikiavik se muestra al mundo



Desde lo alto, en dirección este y entre los árboles, aparecían dos edificios que habían sido la imagen de la ciudad y del país, aunque no tuvieran especiales valores arquitectónicos o paisajísticos. Su importancia procedía de los hechos que habían acogido en sus interiores.
El primero, en el parque que albergaba el zoo y otras atracciones, y en donde era habitual contemplar a los habitantes de la ciudad pasear, era Laugardalshöll. En el verano de 1972 albergó el “Match del Siglo”, que enfrentó al norteamericano Bobby Fischer contra el soviético, y defensor del título de campeón del mundo de ajedrez, Borris Spassky.
Si alguien se pregunta cómo se decidió celebrar el encuentro en Rekiavik, la respuesta era sencilla: pujó más que ninguna otra ciudad, en concreto, 125.000 dólares. Para aquellos tiempos y para el mundo del ajedrez era una cantidad importante. En la revancha de 1992 los premios ascendieron a 5 millones de dólares.

En aquel entonces se seguía un sistema challenger en que el campeón se enfrentaba al ganador del Torneo de Candidatos. El ganador había sido Fischer con un despliegue de juego impresionante. Había eliminado a figuras como el danés Bent Larssen o el soviético y excampeón Tigran Petrossian. Se habían sucedido durante 24 años, de forma indiscutible, los soviéticos, grandes dominadores del ajedrez.
Más importante que todo ello era el morbo del combate entre jugadores de países implicados en la Guerra Fría. Estaba en juego el título, evidente, pero también la supremacía mundial. Querían trasladar esa supremacía a todos los ámbitos, incluido el deporte y, particularmente, al ajedrez.
El campeonato empezó bien para Spassky, que ganó la primera partida y le dieron por vencedor en la segunda por incomparecencia de Fischer. Después, éste remontó y acabó ganado por 12,5-8,50.

Las cosas no les fueron bien a ninguno de los dos contendientes. Spassky dejó de tener el favor de las autoridades deportivas y políticas de su país, que encontraron en Karpov al aspirante que buscaban. Acabó pidiendo asilo político en Francia. Fischer no defendió el título. Desapareció del mapa. Un enfrentamiento con las autoridades americanas que le supuso la cárcel, y el uso indebido de un pasaporte, le llevó a pedir asilo en Islandia, que le había concedido la nacionalidad, con evidente cabreo por parte de Estados Unidos. En este país murió y está sepultado.

El otro edificio fue la antigua sede del consulado francés, el Höfdi. Los días 11 y 12 de octubre de 1986 se reunieron en esa hermosa casa, que fue también el hogar del poeta y empresario Einar Bendiktsson, los presidentes de la Unión Soviética, Mijail Gorvachov, y de Estados Unidos, Ronald Reagan. La casa estaba cerca del mar y desde 1958 era propiedad de la ciudad.
El propósito de aquella reunión de los dos hombres más poderosos del planeta era dialogar para limitar las armas de ambos bandos. Aunque no se llegó a ningún acuerdo, lejos de ser un fracaso supuso la base para la firma en 1987 del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio.
Reikiavik ofrecía un lugar discreto. Quizá la falta de otros atractivos impulsaba las sesiones de trabajo.
Reikiavik e Islandia aparecían en el mundo.

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