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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 4. Desde las alturas.



Contemplando los modernos rascacielos te convencías de la pujanza económica, a pesar de la recesión vivida y la pérdida de protagonismo en favor de China. Las torres eran orgullo con buena planificación. Acero, cristal y hormigón, sucesión de ventanas, antenas de comunicación, azoteas altísimas que quedaban a nuestros pies, helipuertos, brillos de sol en las fachadas, líneas rectas y formas puras, una ciudad en varios niveles y escalones, calles que apenas se intuían: un conjunto al que le podrías dedicar muchas horas de observación.
Desde el ayuntamiento nos trasladamos a la zona de tiendas de electrónica. Los grandes vendedores como Yamada, Denki, Big Camera o Yodobashi competían con pequeñas tiendas abigarradas, como las antiguas tiendas libres de impuestos que había en Madrid. Se agradecía el aire acondicionado. Todas las marcas de cámaras, relojes, pequeños electrodomésticos, televisiones, aparatos de música y gadgets (predominaban abrumadoramente las japonesas) se acumulaban en vitrinas y estanterías. Los modelos que aún tardarían en llegar a España estaban allí desplegados.
Los japoneses habían conseguido saltar una primera etapa de buenas copias a bajo precio para imponer la vanguardia, la innovación, la última ola de la electrónica. El producto de calidad a buen precio también había supuesto la desaparición de muchas marcas europeas y americanas. Yamaha, Honda, Kawasaki o Suzuki habían ganado la partida en motos, por ejemplo, a Norton o Triumph. Ducati o BMW habían aguantado el tipo.
Menos mal que no entramos en los grandes almacenes... jamás hubiéramos comido. Los comercios de Shinjuku eran una locura.

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