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Una saga islandesa en autocaravana 138. Del fiordo de la Ballena a la cascada del Rugido.



Cuenta la leyenda (que encontré en el libro de Jón. R. Hjalmarsson) que un grupo de hombres de Sudarnes fueron a cazar alcas a los arrecifes de Geirfuglasker, “la Roca del Alca Gigante”, cerca de Reykjanes. Llegado el momento del regreso a tierra se dieron cuenta de que faltaba un hombre. No obstante, el resto inició el regreso y le dieron por muerto. Sin embargo, al año siguiente le encontraron sano y salvo en el mismo lugar. Parece que durante aquel tiempo fue cuidado por los elfos, con los que no se sentía feliz aquel hombre, que decidió regresar con el grupo. Antes, una mujer elfa se acercó con un niño en brazos y le hizo prometer que le bautizaría si ella lo acercaba hasta la iglesia.
Tiempo después, mientras se celebraba misa en la iglesia de Hvalsnes, apareció en la puerta una cesta con una nota que decía: “el hombre que es el padre de este niño se asegurará de que sea bautizado”. El pastor le presionó para que reconociera al niño pero el hombre lo rechazó. En ese momento apareció una mujer alta y robusta que le lanzó una maldición: “te convertirás en la peor ballena malvada del mar y harás naufragar muchos barcos”. Agarró la cesta y desapareció sin dejar rastro.

Aquel hombre enloqueció y se arrojó al acantilado de Hólmsberg, entre Keflavik y Leira. Inmediatamente se convirtió en la peor de las ballenas malvadas a la que dieron por nombre Cabeza Roja por el gorro rojo que llevaba el desafortunado al lanzarse al mar.
Cabeza Roja hundió diecinueve barcos entre Akranes y Seltjarnarnes y mató a muchos marinos. Con el tiempo, se resguardó en el fiordo entre Akranes y Kjalarnes, que tomó el nombre de Hvalfjördur, el Fiordo de la Ballena.
En la costa de ese fiordo vivía un pastor viejo y ciego, aunque con poderes sobrenaturales. Tenía dos hijos y una hija. Los hijos acudían a pescar con frecuencia al fiordo. Un día, se encontraron con la ballena y ésta los ahogó. El pastor quedó totalmente apesadumbrado.
Tiempo después, le pidió a su hija que le llevara al fiordo, que no estaba lejos de la granja en que vivía. Al llegar, tomó un palo y lo clavó cerca de la línea de la marea alta y le preguntó a su hija qué veía, y ésta contestó que el mar estaba en calma. Poco después, volvió a preguntarle y ella le contestó que una franja negra se acercaba. Cuando estuvo a su altura, el pastor pidió a su hija que le condujera hacia el interior, a lo largo de la costa. Aquella franja negra les siguió hasta la cabecera del fiordo. Cuando éste se fue haciendo menos profundo la franja se transformó en una enorme ballena. Al final del fiordo, donde desemboca el río Botnsá, pasaron al lado oeste del río y empezaron a trepar por las montañas. La enorme ballena les siguió con dificultad por el estrecho cauce. Cuando alcanzó la quebrada donde el río se precipitaba en una espectacular cascada, el espacio era tan pequeño que al trepar la ballena provocó como un terremoto y las rocas emitieron un enorme rugido, de ahí que la cascada fuera llamada Glymur, rugido. Las colinas sobre la cascada se bautizaron como las “colinas sacudidas” (Skjálfandahedir).

No paró el pastor, que siguió con resolución hasta el lago de donde fluía el río Botnsá, que desde entonces fue llamado Hvalvatn, el Lago de la Ballena. La colina que se encuentra junto al lago tomó el nombre de Hvalfell, la Colina de la Ballena.
El pastor condujo a Cabeza Roja al lago. Jamás se supo de ella. El pastor y su hija regresaron y todos le agradecieron su hazaña.
En el lago se han encontrado huesos de ballena.

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