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Una saga islandesa en autocaravana 132. Reykholt y Snorri Sturluson III



Entramos en la antigua iglesia, ubicada junto a la moderna, que se consagró en 1996. La anterior había sido desplazada desde su emplazamiento original hasta el lugar donde estuvo la casa del poeta y jefe tribal. Unas fotografías ilustraban el proceso. Cerca del ábside se conservaban los restos de las excavaciones con las ruinas de la granja del siglo XIII.
La iglesia era de 1886-87 y sus formas estaban inspiradas en la catedral de Reikiavik y en un chalet suizo. Era de pequeñas proporciones aunque elegante y hermosa. Su elemento más valioso era un órgano que había permitido convertir la iglesia en una excelente sala de conciertos.

Nos trasladamos hasta el baño de Snorri (snorralaug), una piscina circular del siglo X que conservaba las piedras originales de su perímetro. Hasta ella se habían canalizado en aquellos tiempos las aguas termales que debieron ser esenciales para la inspiración del poeta y el descanso del guerrero. Parece ser que un pasadizo unía el baño con la casa. En la actualidad, estaba cerrado.
Snorri dejó una importante obra. Fruto de su interés por los reyes noruegos fue la Heimskringla, la historia de los reyes de Noruega desde sus orígenes míticos hasta 1177. Ya había otras obras sobre esa historia, que quizá le sirvieron para documentarse. En ella se reflejan los mitos, leyendas, tradiciones, incursiones y hechos de armas de aquellos antiguos pueblos escandinavos.

Otra de sus obras de referencia fue la Edda Menor compuesta por un manual para la formación de poetas, como un tratado de poesía, acompañado de un tratado de mitología que permitía conocer a los dioses y héroes del mundo germánico. Se conservaban varios manuscritos de esta obra, como el Codex Regius (que estuvo muchos años en Dinamarca al ser regalada al rey Federico III), el Codex Wormianus y el Codex Upsaliensis.
No se sabe con seguridad si fue el autor de la Saga de Egil Skallagrimsson.
Hacia la ladera de la montaña observamos una de esas casas típicas cubiertas hasta la mitad por la turba. Era pequeña y daba testimonio de las penosas condiciones de vida en que vivieron en el pasado. Más allá se desplegaba un bosque fruto de la reforestación y varios senderos para solazarse.
Además, cerca de Reykholt estaba el Centro de la cabra islandesa, imprescindible en todo recorrido por la zona.

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