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Una saga islandesa en autocaravana 130. Reykholt y Snorri Sturluson I



Reykholt no era nuestro destino principal de la jornada. Sin embargo, nos atrajo desde la carretera. Nos desviamos y le dedicamos algo más de una hora. Aunque el lugar era pequeño, lo merecía.
Halldór Laxness nos dejó en La campana de Islandia una descripción de cómo pudo ser el lugar en el momento de la ambientación de la novela, el siglo XVIII:
Y, sin embargo, era un placer respirar la atmósfera que rodeaba al lugar, a pesar de la mezcla del humo, olor a pescado y hedor de excrementos y basuras. Las chozas de adobe se contaban indudablemente por cientos, algunas torcidas, con tejados quemados o medios derruidos; otras, destartaladas, con chimeneas humeantes en los tejados cubiertos de musgo, relativamente recientes. La catedral se destacaba entre este conglomerado de edificios de barro: una casona de madera embreada con campanario y una alta ventana ojival.
El pueblo de Reykholt, que fue la sede de uno de los dos obispados históricos, estaba indefectiblemente unido a la persona de su más ilustre vecino del pasado, Snorri Sturluson. Fue el más importante escritor de sagas de Islandia y a su memoria se había dedicado el Centro Cultural Snorrastofa. En el mismo se estudiaba y difundía su obra, esencial en la literatura de este país. Fue también jefe de un importante clan, lo que al final de sus días supuso su tragedia. Su biografía es apasionante. Vivió la vida con intensidad, como si fuera uno de los personajes de las sagas.

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