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Una saga islandesa en autocaravana 115. Erik el Rojo y las expediciones a Groenlandia y Norteamérica.


Aquí mis notas sufren un preocupante apagón, quizá porque hicimos casi de un tirón el trayecto entre Laugarbakki, en la base de Midfjördur, hasta Stykkishólmur.
Fuimos hacia el sur por la carretera 1, en Stadarskáli nos desviamos por la 68 en dirección norte para tomar la 59 y atravesar Dalir siguiendo el valle del río Laxá, Laxardalur, hasta Budardalur, ya en el fiordo de Hvammsfjördur. Probablemente, las fotos de un cañón con unos pequeños saltos de agua sean del Laxá, aunque no puedo afirmarlo.
Dalir requeriría más tiempo. Lo que leí de la zona era muy positivo: “la espectacular franja de campos ondulados y escarpadas colinas talladas por ríos entre el oeste de Islandia y los fiordos del Oeste es el escenario de la Saga de Laxdaela -la saga de la gente del valle del salmón-, la más popular de las sagas islandesas”, leí en la Lonely Planet. Un desvío por la 586 nos hubiera llevado hasta Eirikstadir, la granja de Erik el Rojo, quien fundó el asentamiento de Groenlandia hacia el 980-990. Su hijo Leifur nació en ella. Descubrió América hacia el año 1000, en L’Anse Aux Meadows, en Nueva Escocia. Se podía visitar una réplica de su casa.
Erik el Rojo era un buen ejemplo del carácter islandés que transformaba la necesidad en virtud. Combinaba el espíritu emprendedor con el patibulario. No debió ser un hombre excesivamente dotado para las relaciones sociales ya que se enfrentó a varias condenas por sus desmanes.
En 964 fue desterrado de Noruega a causa de varias muertes. Se embarcó y navegó hacia occidente. En Islandia comprobó que había pocas tierras libres que le permitieran el sustento. Trató de instalarse, tuvo problemas con los vecinos y fue condenado nuevamente a destierro por el Althing por doble asesinato. Nuevamente se vio obligado a embarcarse y poner rumbo al oeste.
Alcanzó la costa este de Groenlandia, que le pareció poco atractiva. Cerca de Julianehab encontró una zona de fiordos apta para instalar una colonia, a la que denominó Oesterbigden. Y allí se quedó para pasar el invierno. La primavera siguiente continuó su exploración por la costa oeste de Groenlandia y, cerca de Godthab, se ofreció otro lugar propicio para instalarse. Lo denominó Verterbygden.
Transcurrió el tiempo de destierro y regresó a Islandia con la idea de reunir naves, provisiones y personas dispuestas a instalarse en las nuevas tierras descubiertas. Nuevamente, la carencia de tierras actuó como factor decisivo para que unas quinientas o setecientas personas, familias enteras, se embarcaran en el proyecto rumbo a un mundo mejor. En el verano de 986 partieron veinticinco barcos. Pero la navegación fue complicada. Algunos barcos se dispersaron, otros se hundieron y algunos se vieron obligados a regresar. La expedición quedó reducida a catorce barcos. En Groenlandia se distribuyeron entre los dos emplazamientos y Erik repartió las tierras entre ellos.

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