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Una saga islandesa en autocaravana 111. De Bordeyri a Hvammstangi.


En la costa oeste del estrecho y alargado Hrútafjördur, el fiordo de las ovejas, se acurrucaba Bordeyri, que fue un importante centro comercial en el pasado. Desde su puerto partieron muchos islandeses buscando un mundo mejor en la época de la emigración del siglo XIX. Desde él se exportó carne de oveja a Europa. En la actualidad contaba con 30 habitantes. Se agrupaban en torno al puerto. Un poco más arriba, en la colina, estaba situado el taller y algún otro negocio. Junto al pequeño camping había una casa de huéspedes.
La señora francesa con la que charlamos la noche anterior aventuraba que era fácil contemplar ballenas, delfines y focas, según le habían comentado. Mientras desayunábamos, contemplamos la superficie del agua, agitada por el viento, a la espera de que algún cetáceo nos ofreciera una estupenda función circense y saltara con estilo sobre el mar embravecido. Tampoco se apreciaban otros animales en la costa.
No tuvimos prisa en levantarnos, pero el viento llevaba demasiado tiempo jugando con nuestro hogar rodante, acariciándolo, tratando de penetrar por las herméticas juntas, agitándolo, como si fuera un trol enfurecido, o con constancia y terquedad. Nos dimos por aludidos de su mensaje para que nos largáramos y nos pusimos en camino.
Rehicimos parte del trayecto del día anterior para alcanzar la península de Vatnsnes. Rodeamos por el sur Hrútafjördur, cruzamos al otro lado, con unas vistas impresionantes, atravesamos las montañas de Hrútafjardarháls y nos plantamos en la base del fiordo Midfjördur, de 2 kilómetros de ancho y 10 kilómetros de largo. Allí desembocaba el río Austurá. Pasamos Reykir y enfilamos hacia Hvammstangi. Renunciamos a ir hacia el sur para visitar el antiguo señorío de Bjarg donde había nacido Grettir Asmundarsson, el héroe de la Saga de Grettir el Fuerte.

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