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Una saga islnadesa en autocaravana 104. Hólar III.


Subimos la ladera verde hacia los bosques. La vista sobre el valle y el pueblo era hermosa. Allí estaba una antigua granja del siglo XVI que estuvo habitada hasta mediados del siglo XX. Eran tres casitas cubiertas de turba  comunicadas por el interior. Conservaba algunos útiles y, sobre todo, permitía hacerse una idea de cómo vivía esta gente. Las condiciones no eran precisamente de lujo, aunque las piezas eran espaciosos. Visitamos la cocina, el salón y los dormitorios sin ventanas.

La réplica de la casa del obispo del siglo XIII (Audunarstofa), que se había construido con técnicas e instrumentos antiguos, estaba cerrada parcialmente. Tampoco era lujosa, aunque gozaba de ventanas y un ambiente más relajado y cómodo.

La pequeña población que había subsistido en el siglo XIX tras la desaparición del obispado obtuvo cierto impulso gracias a la fundación del colegio universitario en 1882. El edificio actual era bastante grande y había revitalizado el pueblo con la llegada de estudiantes que acudían para especializarse en estudios equinos, biología relacionada con la acuicultura y el turismo rural. La cafetería ofrecía un menú del día bueno y barato.
Cerca estaban el Centro de la cerveza de Islandia y el Centro de Historia del Caballo Islandés.

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