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Una saga islandesa en autocaravana 95. Akureyri II.


La parte más antigua de la ciudad estaba más alejada. Correspondía con el antiguo sector de los comerciantes, al sur. La parte norte estuvo habitada por las clases trabajadoras y en la actualidad era la zona comercial y de restaurantes.
Lo primero que intentamos visitar fue la iglesia de Akureyri, del mismo arquitecto de la Halgrimskirkja de Reikiavik, Gudjón Samuelsson, e igualmente vanguardista. Subimos unas largas escaleras hasta la misma. Era habitual que las iglesias estuvieran situadas sobre colinas cercanas a las poblaciones, lo que las convertía en los puntos más altos, una especie de faros sociales. No pudimos acceder al interior para ver su órgano, una de sus joyas, ni los relieves sobre la vida de Cristo. Estaba cerrada. Desde allí la vista de la ciudad a nuestros pies era satisfactoria.

Las nubes estaban enganchadas a lo alto de las montañas. El cielo era grisáceo y el color del fiordo metálico. El contraste lo ofrecían las antiguas casas de los comerciantes de tonos claros o vibrantes. Eran de dos alturas, de madera forrada en muchos casos de chapa, de amplios ventanales y cubierta a cuatro aguas. Atravesamos las calles principales, Eyrarlandsvegur, Spitalavegur y Adalstraeti. Muchas de ellas eran de principios del siglo XX y seguían habitadas por familias acomodadas. Diversos paneles informaban de la historia del barrio.

Pasamos el teatro, llegamos hasta el museo Nonni, dedicado al escritor de libros infantiles Jón Sveinsson, apodado Nonni, ubicado en la casa donde transcurrió su infancia. Cerca estaba el museo de Akureyri. Desde allí subimos hasta el jardín botánico, Lystigardurinn, el más septentrional del mundo, con una buena muestra de plantas de Islandia y de todo el mundo. Paseamos por su interior lánguido y hermoso, algo melancólico con sus tonos otoñales y plagado de flores. Nuevamente la altura ofrecía un buen mirador sobre esa parte de la ciudad.
Regresamos por la avenida junto al fiordo y dimos un paseo por la zona comercial, la que antiguamente habitaban los trabajadores. Entramos en una librería de segunda mano que hizo nuestras delicias.

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