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Una saga islandesa en autocaravana 92. Godafoss I


Al sur del lago Ljosavatn se encontraba una granja que había adoptado ese mismo nombre y que fue el hogar, hacia el año 1000, de un ilustre personaje: Thorgeir Thorkelsson. A él se debe la decisión de que Islandia se convirtiera al cristianismo y que se pudiera compatibilizar con los cultos que habían importado los vikingos. Como todos los veranos, se reunió el Althingi en Thingvellir. En esa ocasión, se planteó aquel trascendental tema que tenía dividido al pueblo y a los jefes. Thorgeir era el portavoz o el recitador de la ley en aquella ocasión y obtuvo el compromiso de que su decisión sería acatada. Se retiró y al día siguiente se dirigió a la asamblea. Todos tendrían que bautizarse al cristianismo y se permitiría la adoración discreta de los dioses nórdicos antiguos. Probablemente, uno de los primeros en ser bautizado fuera él.
Al regresar a su hogar, Thorgeir reunió las figuras de sus antiguos dioses y las arrojó a una cascada que, desde entonces, adoptó el nombre de cascada de los Dioses: Godafoss. Ese sería nuestro siguiente destino.
No estaba lejos de la carretera de circunvalación, la N 1, que habíamos tomado en dirección este. Un desvío señalaba la cascada que formaba el río glaciar Skjálfandafljót al precipitarse en medio del campo de lava y el valle de Bardardalur.
Había dos aparcamientos, a ambos lados del cañón, y nosotros optamos por el occidental, al lado derecho, aunque quizá las mejores vistas sobre el arco que formaba la cascada, de unos 30 metros, fueran las del lado oriental. En cualquier caso, quien disponga de tiempo y ganas debe visitar la cascada por ambos extremos. Como la rodilla de Jose estaba mejor, pero no en plenitud, optamos por una visita un poco más corta. Al acercarse a las peñas de la cascada había que llevar mucho cuidado porque estaban resbaladizas por el vapor que se alzaba y por los musgos acumulados.

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