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Una saga islandesa en autocaravana 87. Húsavik.


Nuestro destino era Húsavík. Al salir de Ásbyrgi enfilamos hacia la desembocadura del Jokulsá, que formaba un hermoso estuario de tierras bajas y el lago Skjálftavatn, el lago del terremoto, llamado así por los continuos seísmos de la zona que lo habían configurado. Los movimientos de las placas tectónicas americana y euroasiática eran los culpables. Por la carretera 85 atravesamos el distrito de Kelduhverfi.
Subimos a las montañas y contemplamos la bahía que formaba Öxarfjördur. Avanzamos por los acantilados de la península de Tjórnes. Pasamos el faro y empezamos a bajar en dirección sur casi envueltos en la bruma. El ambiente era teatral.

La isla de Lundey, la isla de los frailecillos, quedó a nuestra derecha.
Poco después alcanzamos Húsavík.
Conforme al Libro del Asentamiento, Húsavík fue el primer asentamiento que hubo en Islandia hacia el año 870. El azar tuvo mucho que ver con el mismo.
Gardar Svavarsson, procedente de Suecia, inició una travesía hacia las islas Hébridas para reclamar la herencia de su esposa. Durante la misma, una tormenta le desvió de su ruta y apareció en este lugar de la bahía de Skjalfandi. Al verse obligado a permanecer allí durante el invierno procedió a construir una casa, que dio nombre al lugar: Bahía de la casa.

Húsavík era una población de mediano tamaño para los estándares islandeses ya que contaba con unos 2300 habitantes. La montaña, con un preciado bosque, guardaba sus espaldas. Como población pesquera con un buen puerto, su vida miraba al mar. El edificio más señero era su bonita iglesia de madera, de 1907, una de sus referencias en el paisaje urbano. Contaba con dos atractivos museos, el de la Exploración y el de las Ballenas.

Nos dirigimos directamente al camping. Estaba junto al campo de fútbol y a poca distancia de la piscina municipal. Toda población con un mínimo de actividad disfrutaba de esas instalaciones deportivas, un punto a favor del bienestar de estas gentes. El pago del camping lo realizamos en la piscina municipal. En la hora posterior a nuestra llegada se llenó de gente y de ajetreo.

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