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Una saga islandesa en autocaravana 83. Dimmuborgir II


Había varias rutas bien señalizadas. Reconozco que nuestra mirada alternaba las curiosas formaciones rocosas con la búsqueda de hadas (ljósalfar) o gentes ocultas (huldufólk), otros de los seres que impregnaban de fantasía el acervo cultural de los islandeses, tan propensos a las leyendas y a los aparecidos, a las almas en pena y a otros seres de diferente carácter y condición que no siempre se compatibilizaban con los humanos.
A veces parecía que estuviéramos en la Tierra Media, aquel territorio imaginario creado por Tolkien. Elfos, orcos, enanos o troles nos resultaban conocidos por la lectura de El hobbit o El Señor de los anillos. Jose comentó que Tolkien era un gran conocedor de la mitología nórdica, que había estudiado en profundidad y en la que se había inspirado para sus libros. Por cierto, también conocía la literatura española ya que fue educado por el sacerdote católico Francis Xavier Morgan, andaluz de la familia de bodegueros Osborne. Uno de los acertijos de El Señor de los anillos procede de una de las obras de Fernán Caballero, pariente del sacerdote.

Después de la Primera Guerra Mundial trabajó para la edición del Oxford English Dictionary en la historia y etimología de palabras de origen germánico que empezaban por W y fue profesor de anglosajón en Pembroke College, lo cual contribuiría a esos conocimientos de la mitología nórdica que se trasladaron a sus libros. Buscaba dotar a su país de una mitología propia.
Dimos un amplio paseo pero no quisimos forzar.

Regresamos a las inmediaciones del lago para disfrutar de otra formación geológica peculiar: los pseudocráteres de Skútustadagígar, en la zona sur. Como su nombre indicaba, no eran propiamente cráteres, a pesar de su aspecto exterior. Se formaron al contactar la lava con el lago hace unos 2500 años. Nuevamente, eran miradores privilegiados sobre el lago. Subimos a uno de ellos. El otro regalo que ofrecían era el avistamiento de aves.
Continuamos por la carretera en dirección oeste hacia la zona de anidación de aves. El terreno era más verde y aparecía alguna granja. Nos desplazamos hacia Hverir y Bjarnarflag.

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