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Una saga islandesa en autocaravana 106. Saudárkrókur.


Las andanzas del río Jokulsá alcanzaban su final y formaban un extenso delta de tierras bajas producto del arrastre de materiales arrancados por la fuerza de sus aguas bravas. El río era propicio para practicar el rafting.
Regresamos a la carretera 76 y continuamos en dirección oeste rodeando la zona sur del fiordo Skagafjördur, ancho y profundo. Saltamos lagunas y albuferas que cruzamos por puentes que unían lenguas de tierra. Desde lo alto, el paisaje era hermoso, con esa melancolía que nos había acompañado envuelta en niebla y lluvia fina.

En la base del fiordo se agrupaban, en torno a la costa, las casas de Saudárkrókur, la población más grande del noroeste, con unos 2600 habitantes, y todos los servicios necesarios. Como andábamos algo desconcertados y un tanto indecisos sobre cómo prolongar el itinerario del día, acudimos a la oficina de turismo. Nos atendió, con la amabilidad y diligencia que era tradición en el país, una joven alta y sólida que nos desaconsejó ir en dirección sur hacia el museo etnográfico de Glaumbaer, que, sin embargo, resaltaban en varios lugares, y no prolongar en dirección hacia Varmahlid, un importante cruce de carreteras sin mayores atractivos. La montaña Tindastoll y la península de Skagiheidi hubieran llevado demasiado tiempo. No éramos aún conscientes de que nuestros planes se estaban cumpliendo con creces, lo que hubiera permitido ese desvío. Quizá fue el mal tiempo el que nos desanimó. Así que decidimos seguir hacia el noroeste para cruzar la península por la carretera 744 y alcanzar Blönduós. Tras la visita de la cascada de Kolufossar dormiríamos en Hvammstangi para acometer la península de Vatnsnes al día siguiente. No sabíamos aún que esos planes cambiarían.

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