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Una saga islandesa en autocaravana 42. La playa de Reynisfjara.


La playa de Reynisfjara había formado una laguna a su espalda. La arena negra estaba encajada entre los dos potentes brazos rocosos de los cabos. Desde la playa contemplamos otra perspectiva de Dyrholaey y de los islotes que había frente al mismo. Aunque los más llamativos se alzaban más cerca.

El lugar era muy popular, una de las paradas de las excursiones organizadas. Además de los islotes de Reynisdrangar, que a contraluz parecían más misteriosos, unas columnas de basalto en la montaña atraían a los visitantes. Estaban en torno a una cueva y eran geométricamente perfectos. Nadie se resistía a fotografiarse con ellas a la espalda. Cuando nos disponíamos a marcharnos salió el sol con bondadosa fuerza.

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