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Una saga islandesa en autocaravana 18. Kerid.


Para regresar a la carretera de circunvalación tomamos la carretera 35, pasamos Reykholt, Skalholt y Borg. La carretera ofrecía múltiples desvíos que hubieran alargado en exceso nuestro camino. Aunque el atardecer empezaba a inundar el paisaje de oscuridad (eran más de las ocho) nos decidimos a parar en Kerid, un lago alojado en el interior de un cráter. Lo había incluido en el itinerario como una visita opcional. Pagamos la entrada y subimos hasta el borde sin gran dificultad. Por supuesto, la vista hacia el valle también era estupenda. El cráter presentaba una forma ovalada de 270 metros de largo por 170 metros de ancho.
Caminamos por la parte alta del cráter para después bajar los 55 metros de profundidad y dar un pequeño paseo por el borde del lago. La profundidad oscilaba entre 7 y 14 metros.
De la información recopilada se deducía que el cráter se había formado por una tremenda explosión hace unos 6500 años. Era, según los vulcanólogos, un cráter de explosión, que dejaba cráteres profundos. Formaba parte de un grupo de colinas volcánicas denominadas Tjarnarhólar. El color rojo de la tierra se combinaba con el verde del matorral.

En un panel ponían en duda la teoría de que se trataba de un cráter de explosión al no haber encontrado cenizas en la zona de Grimsnes. Para estos críticos, podía ser un cráter de escoria. Quizá se formó por un pequeño depósito de magma bajo el cráter que se vacío tras la erupción y que posteriormente colapsó. La mitad del flujo de lava del campo de Tjarnarhólahraun había fluido de Kerid.
El agua de Kerid no se drenaba. Solamente se alteraba su nivel por lo que se decía que su superficie era una ventana de las aguas subterráneas que se acomodaban en las fisuras de las rocas. Su ascenso implicaba un descenso del lago de Búrfell.
Aquí tuvo lugar hace algunos años un famoso concierto de la más conocida de las artistas de Islandia, Bjork. Situaron una balsa en el centro del lago y el cono del cráter sirvió como gradas para los espectadores.
A 15 kilómetros nos esperaba Selfoss.

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