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Una saga islandesa en autocaravana 11. Thingvellir III



Esta no era la única asamblea existente en la Antigua República. En primavera, se reunían las asambleas regionales y se tiene constancia de asambleas itinerantes en que los jefes promulgaban nuevas leyes.
En Thingvellir se reunía el quinto tribunal que funcionaba como un tribunal de apelación y que resolvía los asuntos que no eran competencia de los otros cuatro tribunales regionales. Todos estaban formados por granjeros designados por los jefes. Las penas eran habitualmente multas, aunque primaba la satisfacción personal, una suerte de ley del Talión.
El vínculo entre jefes y granjeros podía modificarse, bien porque el granjero decidiera cambiar de jefe o porque el jefe desconfiara de su súbdito y lo repudiara. En la práctica parece que esa desvinculación era complicada o peligrosa.
El cumplimiento de la ley quedaba a expensas del jefe ya que no había rey, ni ejército ni policía que la ejecutara. Con la llegada del poder real y la incorporación a la corona noruega en 1262 serían los funcionarios reales los encargados de ello.
Una fotografía en blanco y negro mostraba la inmensa asamblea que tuvo lugar el 17 de junio de 1944, cuando fue proclamada la República en el valle, atestado de gente, con la mitad de la población del país. Aunque el Althingi había sido rehabilitado a mediados del siglo XIX y trasladado a Reikiavik, el significado histórico de Thingvellir obligaba a que esa nueva etapa del país se inaugurara donde se reunía la antigua Mancomunidad o República, la Thjodveldi.

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