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La Palma (2005). El mar se dejó seducir por los barrancos 26. La Caldera de Taburiente II.



Se anunciaban acuíferos y flujos de agua, pero debe de manar lejos de nuestro trayecto, alfombrado por las piedrecitas de lava y por la pinaza, las agujas secas que tienen que ser mortales en caso de incendio. Por desgracia, la Caldera los ha sufrido con frecuencia. Quizá por ello los pinos canarios han desarrollado esa gruesa corteza para revivir tras su paso.

La senda es a tramos peligrosa. A la izquierda nos acompaña un terraplén al que se puede caer por los deslizamientos del terreno o por un derrumbe inesperado. Caminamos con tino, Beby delante, Tony en medio y yo al final para no interceptar la marcha cuando me detengo a hacer fotos. Fotografiaría cada lugar que permiten los pinos al abrir sus formaciones. La oportunidad se ofrece en cada extremo de los barrancos.


Las aves nos sobrevuelan y obligan a no olvidar el cielo, apacible en su azul claro, impenitente por el sol. La gorra es absolutamente necesaria.

Tony demuestra su agilidad y se sube a un árbol que con un brazo de su tronco forma una hache a la que le falta una pata.


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