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La Palma (2005). El mar se dejó seducir por los barrancos 20. Barlovento.



Barlovento es el lado de donde viene el viento. Los alisios penetran desde el norte y dejan un rastro de humedad, de vegetación, de buenas cosechas. La zona norte es la propuesta de ese día. Una propuesta espectacular.

La estructura de la Palma es similar a la de las otras islas: un norte de altos acantilados verdes y húmedos, un volcán central que impide el paso a esa influencia del viento y un sur, lógicamente, seco y desértico. El norte nos recuerda a Asturias. El sur es el refugio de los extranjeros que no saben el significado de lo que es el tiempo soleado. Ellos la han sacado del ostracismo.


Casas blancas, bancales y plataneras son el eje central del paisaje. La roca negra asoma entre ellas y cuando besa el mar provoca unos cortados subyugantes contra los que baten las olas y forman una efímera cinta blanca de espuma. Hay casas arriesgadas que se asoman en vanguardia y en solitario sobre el límite de la costa. Los pueblos se escalonan en la montaña y crean placas blancas. Tenemos la sensación de observar una sucesión de pirámides articuladas como escaleras. En una punta que no ha sido elegida al azar se levanta el faro. Es como un pincho que aflora de las ramas verdes.

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