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Motilla del Azuer 3



Vamos rodeando el recinto observando los muros de piedra, hacia la izquierda, y el campo, casi llano y bien cuidado, a la derecha. Al ser un punto ligeramente elevado se domina con la vista, en círculo, una zona amplia.

Domina el color ocre claro, de arena, que reverbera con el sol inclemente y achicharrante. Las piedras originales se diferencian de las reconstruidas por un pequeño hilo planteado. En algunos tramos no se ha excavado totalmente y las piedras conviven con el barro. Hacia el interior, está más consolidado.

En torno a la muralla exterior se concentraban los enterramientos. Con el tiempo, se pasó a la incineración. Las cenizas se introducían en una urna y se enterraban con algún objeto cotidiano de cerámica.
Subimos por una ligera rampa y nos introducimos entre los muros. Aparecen los pequeños silos. El trazado se hace sinuoso. Nos transformamos en improvisados arqueólogos o en pacíficos invasores de visita. Los pasillos o galerías entre los muchos son estrechos. Nos vamos acercando al núcleo, a la torre circular, vamos subiendo por pequeñas escaleras. Se amplían las panorámicas.

Desde el agua del pozo a lo alto de la torre hay 32 metros. El pozo está perfectamente forrado de piedra. Una marca en el muro determina hasta donde subió el nivel del agua hace pocos años. Es una extraordinaria obra de ingeniería que todos admiramos. Tiene algo de iniciático o mágico. Es la imagen de marca del yacimiento. Los escalonamientos, contrafuertes, escaleras y muros curvos forman un conjunto que hipnotiza desde lo alto.


Nuestro premio será un paseo por Daimiel, una cerveza a la sombra y una comida en Casa Santi, un clásico de la población.

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