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La Palma (2005) El mar se dejó seducir por los barrancos 2. De la sonrisa de Eva a Casa Goyo.



La sonrisa de Eva es el primer regalo de La Palma. El aeropuerto no cesa de arrojar nuevas generaciones de turistas y las obras algún día transformarán al doble el espacio. Esa hostilidad se compensa con la sonrisa sincera y cariñosa de la azafata que fue mi alumna. Me ha colocado a su lado, me ha presentado al piloto y a toda la tripulación con orgullo y ha hecho que me sienta un personaje en el avión. Hasta mi hermano, usuario habitual, se muestra celoso por el trato. Beby pregunta por el objeto de mis explicaciones y por qué merecen una bolsa de cinco kilos de caramelos. Eva me los entrega a la salida solemnemente.


Pero los caramelos son insuficientes para aplacar nuestra hambre. La de cultura y paisajes puede esperar. Los rugidos del estómago, ni un momento. Las mismas necesidades han trasladado a un ejército de comilones a Casa Goyo, un restaurante que es casetas y pescado. Nada de lujo junto al mar. El Vino Tendal, la vieja, la dorada, el atún en salpicón, el toyo y el tiburón son el refugio para esa nostalgia que da el apetito. El viento suave y el sonido de las olas aplacan algunos gritos de más de los otros clientes.

Como primer contacto con la isla sólo insinúa una palabra: sabroso.

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