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La comarca de los Serranos 1. Requena, puerta de la meseta I.



Las nubes son paisajísticamente gratificantes y meteorológicamente benignas. Son algodonosas, están suspendidas sobre un cielo azul que incita a conducir hacia ellas. En algunas, la panza es gris. Más adelante se oscurecen, se enfurecen y descargan una granizada, una tormenta que da miedo muy poco antes de alcanzar mi destino. El sol parece haberse quedado en la meseta y la lluvia ser la bienvenida a este ámbito geográfico.
He conducido plácidamente. El grueso de los que toman el largo puente de mayo saldrá más tarde. Les he tomado ventaja y he alejado el peligro de los atascos. Viajo solo, pero no tengo sensación de soledad. En mi interior fluye la libertad. Soy el dueño de mi destino.

Lo más sencillo para moverse por Requena es tomar el bulevar, aparcar y olvidarse del coche. En la zona azul sólo hay que sacar el ticket, sin desembolso, para disfrutar de dos horas de aparcamiento. Estaciono en la plaza de España. Algunos edificios modernistas testimonian la pujanza económica de décadas pasadas causada por la seda y el vino.

Me acerco al museo Municipal ubicado en el antiguo convento de las Carmelitas con la conciencia de que no podré visitar sus colecciones ni su claustro barroco. Otra vez será. Me conformo con asomarme a la iglesia del Carmen, gótica del siglo XIII, con un hermoso zócalo de azulejos valencianos, algo que se repetirá en otros monumentos. La humedad se carga los revocos y deja unas huellas de corrosión que afean cualquier edificio. Es el momento de la misa, con lo que me he asomado y he seguido hasta el ayuntamiento, situado en la antigua sala de Novicios. Por supuesto, está cerrado y sobre su fachada se posa el sol casi horizontal y cansado. Junto a él, el parque de la Glorieta, con su templete, que fue lugar de mercado.

Me introduzco por las callejuelas y compruebo lo que es un laberinto. Pregunto un par de veces y me reorientan. Es zona de casas humildes.
Con el plano que me han entregado en el hotel a modo de navegador analógico me dispongo a recorrer la antigua villa abrazada por la fortaleza. Muy disciplinado, al principio, subo la cuesta del castillo. Me recibe la torre del Homenaje y la parte del recinto que ha sobrevivido. Son muros de piedra imponentes. Parece que Requena fue un núcleo ibero habitado desde el siglo VII a. C. Hubo presencia romana, pero es en la etapa musulmana, en que fue denominada como Rakka’na, la segura, cuando es amurallada. La alcazaba musulmana fue transformada por los cristianos en el siglo XV. Aunque ya se había desplazado el peligro islámico hacia el sur, las contiendas entre castellanos y aragoneses se prolongaron hasta la unificación de los reinos.



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