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El Hierro. Clamor volcánico, tranquilidad infinita 9. La dehesa del fin del mundo.



La Punta de la Dehesa es una isla baja, término que se aplica a una superficie plana de lava que da al mar. Aquí se aventuraron a instalar unas plataneras pero fracasaron estrepitosamente por el vengativo viento. Quedan los rectángulos, como una advertencia a quien quiera volver a intentarlo. El paisaje es lunar.
Podría desviarme a la playa del Verodal y contemplar su arena roja, una curiosidad de la isla. Opto por no desviarme. Me da miedo perder demasiado tiempo.
Subo la versión herreña de las siete revueltas hasta el mirador de Lomo Negro, que me da una perspectiva completa.

“Las islas siempre remiten a lo remoto, al misterio, al miedo y también a una honda sensación de libertad-escribió Javier Reverte.-“Me voy a perder en una isla”, oímos a menudo. Y esa expresión remite a un deseo de alejarse de lo civilizado, como si los territorios insulares mantuvieran aun en su suelo una suerte de corazón salvaje y libertario. En todo caso, las islas son siempre literarias”.
Creo que Reverte se hubiera inspirado en este lugar para escribir ese texto. Estoy en el punto más remoto, alejado de la civilización, que únicamente concede un camino de tierra. El territorio es áspero, duro, pero también literario.


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