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El Hierro. Clamor volcánico, tranquilidad infinita 8. Las taumatúrgicas aguas de un pozo artesiano.



Sabinosa goza de renombre por sus aguas medicinales, reconocidas y aprovechadas desde antaño. La fuente termal de aguas sulfurosas recuerda la latencia volcánica. Lo que no hay es sabinas.
En la falda de la montaña se encuentra el pueblo, que atravieso después de subir por una carretera quebrada y ascendiente. Recuerdo el consejo del empleado de turismo: a partir de ese punto no hay servicios. Como en una tasquita un bocadillo suculento y tomo una cerveza. Verifico que llevo agua suficiente. La gasolina no es problema: el depósito va casi lleno.

La bajada es un tanto acrobática, apasionante, como casi todo el trayecto. En el balneario del Pozo de la Salud podría darme un capricho en forma de masaje o tratamiento con chocolate, un anti estrés completo, disfrutar de lodos marinos, un tratamiento para piernas cansadas o un tradicional circuito de aguas. Eso sí, habría terminado la jornada y me quedaría sin disfrutar de la parte más occidental.

El valor curativo de las aguas produjo los primeros conatos de turismo en la isla. Fue el causante del desplazamiento realizado por Jacinto del Rosario y que dio lugar a un librito curioso denominado Viaje estrambótico a Sabinosa. De él extraigo este fragmento: "este lugar de ensueño estaba enclavado entre una cerrada cordillera de montañas feroces pobladas de frondosas sabinas; abajo, junto al mar, en un recogimiento de égloga, un “pozo” de aguas minero-medicinales que tocan lo milagroso, siendo una especie de “curalotodo", era, indiscutiblemente, el lugar indicado para que un hombre, recién atormentado por una enfermedad y las letras de cambio, en él se refugiara como única tabla de salvación".

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