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El Hierro. Clamor volcánico, tranquilidad infinita 7. Una fértil carretera.



Nuevamente en ruta atravieso los campos de plátano y piña. Paso ante una de las cooperativas. Agrupa a unos 700 agricultores. La otra, que agrupa a otros 500, está en Isora. Son dos fuerzas vivas, dos elementos esenciales para la supervivencia económica. Bajo los plásticos, en las parcelas limitadas por muros, se concentra la riqueza. Me asomo a Los Sargos.


La profusión de viñas ha dado lugar a unos vinos que gozan de gran acogida. En la cena probé dos copas de Viña Frontera, blanco y seco, y acabé muy contento. La graduación era alta. Su aroma y sabor me acompañarán durante todo el viaje.

Mi elección de la carretera de la costa me aleja del poblado de Guinea y del lagartario. El primero es la reconstrucción de un poblado antiguo. En el lagartario se intenta mantener los últimos ejemplares de lagarto gigante que ya se creía extinguido en el siglo pasado y que era más leyenda que realidad. Creo que aquellos ejemplares de más de un metro son historia pero algunos de unos 75 centímetros aun pueden ser contemplados. Por lo menos los han incorporado a la iconografía de la isla.

Tampoco aprovecharé para visitar Charco Azul, otra de las imágenes de marca que ofrece la costa norte.

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