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El Hierro. Clamor volcánico, tranquilidad infinita 3. Sobre la denominación enfangada en teorías.



Uno se pregunta por qué la isla se denomina El Hierro. Desde luego, no tiene nada que ver con el metal, inexistente en toda ella. El color rojizo y ferruginoso de los volcanes extinguidos, de las arenas y rocas, es ajeno a él.
La teoría más plausible sobre la procedencia de su nombre apunta a que fue la forma de herradura lo decisivo, aunque me convence poco. Menos aun que deriva del término guanche “hero”, fuente. No hay manantiales en la isla.

Lo de las teorías siempre me ha gustado porque permite cierta lógica a lo inverosímil. Además, cada uno se llama como le da la gana.
No parece que participaran mucho en la denominación los bimbaches, los pobladores originales. Cuando Jean de Bethencourt, en nombre de la Corona de Castilla, tomó posesión del territorio a principios del siglo XV, los habitantes no opusieron resistencia. Contrasta con mi creencia de que los herreños y los palmeros eran los mejores guerreros del archipiélago, lo que se traducía, en el presente, en ser la cantera de los mejores luchadores de la popular lucha canaria. Ya habrá tiempo para averiguar todas estas cosas.


Nota: fotografías de José Luis Migueláñez. Mi más sincero agradecimiento.

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