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Sicilia: Sueños de una isla invadida 55. Piazza Armerina.


En mi primer viaje, salimos de Taormina, a la altura de Catania, abandonamos la costa para infiltrarnos hacia el interior de campos secos por influencia del verano, alcanzamos Enna y desde allí hasta Piazza Armerina. En el tercer viaje, salimos por la carretera SS 514 hacia Gramichelle, pasamos Caltagirone y alcanzamos Piazza Armerina. Las carreteras eran estrechas y sinuosas y atravesaban numerosos pueblos, algo pintoresco, aunque supuso una importante demora en nuestros planes.
En el interior, las ciudades se encaramaban a las montañas con escenografías espectaculares. Podría deberse a razones defensivas, pero en mis notas del primer viaje Renatto, el guía, afirmaba que la ubicación tenía por objeto principal evitar las enfermedades. A esas alturas los insectos transmisores eran menos eficaces. Una tercera razón la encontré en Viaje a Italia, de Goethe, y era debida a la fertilidad de la tierra:
El suelo propicio a los cereales se aprovecha y se cuida de tal manera que no se ve ni un árbol; incluso las pequeñas poblaciones y casas se sitúan en las crestas de las colinas, donde una capa de roca caliza es la responsable de la improductividad del suelo. Allí viven las mujeres todo el año, ocupadas en hilar y tejer, mientras que los hombres, sobre todo en la época en que los trabajos de campo son más pesados, sólo pasan los sábados y domingos con ellas; los otros días permanecen abajo y se cobijan en chozas de cañas.
El interior era el granero de la isla que había atraído a diversos pueblos para asegurarse el abastecimiento de cereales. Era la zona bendecida por Ceres.

En esos pueblos, el punto más alto lo ocupaba indefectiblemente la iglesia con cúpula y torre. Desde allí, se derramaba el caserío que formaba una especie de coraza de tejas, piedra, ladrillo y otros materiales. Parecía que no había calles de lo apelotonadas que estaban las casas. Un buen ejemplo de ello era Piazza Armerina, a la que nos hubiera gustado dedicarle más tiempo. Simplemente la atravesamos y nos hicimos una idea del lugar. Nuestro destino se encontraba a pocos kilómetros, en las afueras.
Sin duda, la Villa del Casale eclipsó otros atractivos de Piazza Armerina, que siempre gozó de buena salud económica y poder local al estar ubicada en una zona especialmente fértil. Su actual emplazamiento era del siglo XII, ya que en 1161 fue destruida la ciudad fundada por los sarracenos en el siglo X en la ladera de Colle Armerino. La expansión del siglo XV se dirigió hacia el sureste y su esquema urbano databa del siglo XVII, según leímos en la guía.
Fue un lugar de cierta enjundia, como lo prueba la existencia de múltiples iglesias y conventos, algunos de los cuales habían abandonado la disciplina de la Iglesia. Destacaba, sin duda, la catedral, barroca del siglo XVIII, pues desde 1817 era sede episcopal. Su cúpula era claramente visible en lo alto de la montaña. También estaba bien provista de palacios. En la ciudad se celebraron cortes impulsadas por Federico III de Aragón en 1296 y 1309. Hubo una universidad administrada por los jesuitas. Su fiesta más renombrada era el Palio de los normandos, que se celebraba entre el 13 y el 14 agosto y que recordaba la toma del conde Rogelio en 1087.

A poca distancia estaban los asentamientos arqueológicos de Aidone y Morgantina, este último de gran importancia.

Nota: las dos primeras fotos pertenecen al libro de Ediciones Italcards "Piazza Armerina. Los mosaicos y Morgantina". Mi más sincero agradecimiento.

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