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Sicilia: Sueños de una isla invadida 44. Siracusa IV. Latomías.




Había que elegir entre seguir hacia el Antico Teatro Lineare o hacia las Latomías. Nos decantamos por éstas.
Lo que ahora era un jardín agradable, la Latomie del Paradiso, fue una cantera en donde acabaron aquellos desafortunados atenienses, y otros enemigos, que fueron hechos prisioneros en las múltiples guerras que mantuvo la ciudad-estado. Muchos de ellos murieron extenuados por el trabajo o fueron vendidos como esclavos. Es posible que también fueran utilizadas las canteras como un elemento defensivo. Dimos un paseo y nos acercamos a la Oreja (o el oído) de Dionisio (Orecchio di Dionisio), como fue bautizada por Caravaggio. Esta peculiar gruta, construida por el tirano Dionisio, gozaba de una especial acústica, que comprobamos. Era posible escuchar con claridad las conversaciones ajenas, como hacía el tirano para saber las intenciones de huida de sus enemigos. Había un truco: el sonido necesitaba una distancia mínima para propagarse, con lo que si uno se adentraba en exceso y no dejaba al menos catorce metros (creo que esta era la distancia), no se escuchaba el sonido. Nos lo demostró nuestro guía en aquel entonces y asistimos también a una nueva exhibición de otro guía. Solicitan del público el silencio necesario. Primero batían palmas, luego hacían pitos con los dedos al chascarlos y más tarde dejaban caer una moneda. El mismo ritual demostrativo al saber dónde ponerse para que no haya efecto de rebote sónico y el silencio sea total.


Nos hubiera gustado acercarnos al Angolo del Papiro, una visita que ya deseché en mi anterior desplazamiento, o al Tecnoparco Archimede, donde se disfrutaba de los artilugios del sabio griego natural de esta ciudad, que se dice que estaba enterrado en la cercana necrópolis de Grotticelli. El físico y matemático formuló el principio hidrostático del mismo nombre, e inventó de la catapulta, la polea compuesta, los espejos cóncavos y el tornillo de Arquímedes.
Pero se hacía tarde y nos esperaba Ortigia.


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