Designed by VeeThemes.com | Rediseñando x Gestquest

Sicilia: Sueños de una isla invadida 36. Taormina III. Santa Catalina y el palacio Corvaja.


Bajamos por via Teatro greco hasta corso Umberto. Muy cerca quedaba el foro romano y los restos de unas termas encajados entre edificios. Uno de ellos era la comisaría de los carabineros, por si sirve de referencia. Como no habíamos comido apenas nada desde el desayuno, nos sentamos en la misma plaza y en la misma terraza que años atrás. Pedimos unas cervezas y unos paninos, nos pegaron un tabanazo de escándalo, descansamos las piernas y contemplamos el fluir de la marabunta.

Taormina había sido tradicionalmente un refugio de invierno para escritores, artistas, personajes adinerados, famosos o aristócratas. La nómina de ellos era muy extensa. Estaba en los circuitos tradicionales. Después llegó el turismo de masas y de verano.

Al lado de aquella terraza estaba Santa Catalina y el palacio Corvaja, que habíamos degustado desde nuestro emplazamiento. Por todo el tejido medieval de la ciudad se desperdigaban iglesias y palacios. Las iglesias solían ser de una nave, hechuras góticas e interiores barrocos. Eran agradables, hermosas, sin la espectacularidad de las catedrales, muy aconsejables. Nos asomamos a Santa Caterina y luego entramos en el palacio Corvaja, que albergaba la oficina de turismo y un pequeño museo. Aquí se reunieron las Cortes de Sicilia presididas por doña Blanca de Navarra, viuda de Martín II de Aragón, en 1410. En él tuvo su residencia de verano. El patio era acogedor y nos hicimos la típica foto en lo alto de la escalera. Por supuesto, en compañía de alguien que se situaba en la base o se asomaba a las ventanas y a quien no conocíamos de nada.

La iglesia se había construido parcialmente sobre el Odeón de época de Augusto. Quizá hubo antes un templo helenístico. Aún se distinguía una parte de la escena y de las gradas. Fue un teatro pequeño, como para unas doscientas personas.

Otros restos clásicos de cierta importancia conformaban el templo de Júpiter Serapis, cerca de la iglesia de San pancracio, más allá de Porta Messina y cerca de donde desembocaban los visitantes desde el aparcamiento. Otras ruinas que solían pasar desapercibidas eran las de la Naumachie, el lugar donde se celebraban simulacros de batallas navales. Era del siglo III d. C. y se podían apreciar los arcos con nichos para esculturas en una calle paralela hacia el mar de la principal, corso Umberto, que la había cubierto parcialmente. Estaba claro que cualquiera que se atreviera a abrir un sótano o a excavar un poco encontraría fácilmente restos de varias épocas.


0 comentarios:

Publicar un comentario