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Sicilia: Sueños de una isla invadida 28. Messina. La catedral



La primera visita fue la catedral. A nuestro amigo Houël no le entusiasmó. Peor para él. En mi primer viaje me impresionó su fachada, que fue lo único que pude ver. En esta tercera visita a la isla sí hubo tiempo para el interior. La fachada era tan hermosa como la de otras iglesias italianas en que habían sabido armonizar los colores claros, las imágenes y el equilibrio de las formas que se articulaban en tres naves. Muchas penalidades había pasado la iglesia, casi desde sus inicios, ya que en el siglo XIII, durante el funeral de Conrado IV, hijo del gran emperador Federico II, las velas provocaron un incendio que devastó el edificio. Pero lo peor llegó con una bomba incendiaria en 1943 que fulminó los frescos y los mosaicos, que competían en esplendor con los de las otras catedrales del norte de la isla. Por ello, el interior estaba más desnudo. El artesonado del techo era hermoso y al fondo de las naves resaltaban el Cristo Pantocrátor y la representación de la Virgen. El suelo, que se salvó de la destrucción era un soberbio trabajo de mármol de diversos colores.


Houël hace mención a la Fiesta de la carta, una procesión anual que se celebraba en honor de la carta de la Virgen (el pintor duda de su autenticidad) dirigida a los habitantes de la ciudad. Ello explicaría que la catedral estuviera dedicada a ella. Por otra parte, era bastante habitual la advocación a la Virgen en la isla, que quizá fuera la cristianización de las divinidades femeninas que eran cultos ancestrales en Sicilia. En la fiesta se sacaba la carta y un bucle del pelo de la Virgen.


El campanario estaba exento, como es costumbre en Italia. En lo alto dominaba un carillón que desplegaba diversas figuras que ilustraban el tiempo y que ejecutaban una curiosa danza.


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