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Sicilia: Sueños de una isla invadida 16. Cefalú I. Cinema Paradiso.



¿Recuerdas la película Cinema Paradiso? El pueblo que aparece en la escena de la película con el cine de verano en la playa es Cefalú.
Realmente, la película se filmó en diversos emplazamientos de la isla. Su director, Giuseppe Tornatore, siciliano nacido en Bagheria, acertó al elegir esta localidad costera y el resto para transmitir la imagen tierna de un pueblo del sur italiano de hace varias décadas. Es una estampa digna de nuestra Calabuig. El pueblo de Giancaldo es realmente Palazzo Adriano, en el interior de la isla.
Salvatore di Vita, Totó, el pequeño y simpático pícaro enamorado del cine, se ha convertido en un importante director. Hace 30 años que abandonó el pueblo y le ha ido bien. Ha cambiado la casa familiar, bastante modesta, por un lujoso piso en Roma. Pero algo indica que el bienestar económico no se ha traducido en felicidad, lo que hace reflexionar sobre la elección entre la humildad y la dicha en contraposición con la pujanza económica y la insatisfacción, el norte y el sur, el campo y la ciudad.

Alfredo, el entrañable operador de cine protagonizado por Philippe Noiret, ha muerto y al día siguiente se celebrará su funeral. Apuestan a que no acudirá: “tiene demasiados compromisos, a saber dónde estará, hace más de 30 años que no viene”-dice un personaje. Pero su madre es tajante: “se acordará”. Y allí se planta para enfrentarse a la nostalgia de su pasado.
La gente de ese pueblo paradigmático de Sicilia posterior a la Segunda Guerra Mundial vive en la pobreza, aunque con cierta dignidad. Salvatore ha quedado huérfano y la única ilusión se la aporta el cine, la única diversión del pueblo. Cuando éste arde, el drama se cierne sobre el pueblo. Mientras todos huyen de las llamas, Totó entra en el edificio y salva a su amigo Alfredo, que quedará ciego. La amistad entre ambos crece, se consolida, el niño encontrará en Alfredo al padre que ha perdido.
El panorama es tremendo. Tras la imagen de tipismo de las mujeres que acuden a la plaza a cargar agua en la fuente o a comprar medias al vendedor ambulante se esconde el paro y la marginación. Los niños son despiojados, el cacique acude a la plaza para designar a los que van a trabajar y rechaza a los que se alinearon en el pasado con los comunistas. El señorito escupe desde el principal a los que ocupan el patio de butacas. Muchos de los habitantes son analfabetos. Cuando aparece un texto en pantalla nadie sabe qué dice. Varios adultos, entre ellos Alfredo, pasan por la infamia de tener que examinarse con los niños.
La solución muchas veces estaba en la emigración. Pepino se marcha a Alemania, “el camino de la esperanza”, que dice Alfredo. “País de mierda”, escupe el emigrante. Alfredo animara a Totó a irse y no regresar.

Aquellos personajes sencillos y entrañables del mundo rural siciliano se han transformado, aunque aún impera la diferencia social, la pobreza, la marginación. El turismo ha paliado en parte la situación, como se aprecia en los pueblos de la costa, como Cefalú. Siempre habrá la posibilidad de que le caía a alguien una quiniela o la lotería, como le ocurre al napolitano de la película, el del norte, que dicen, que pondrá el dinero para construir el Nuovo Cinema Paradiso.
Cada vez que escucho la melodía de Ennio y Andrea Morricone me transporto a la película y a ese mundo bucólico. En parte, al regresar a Cefalú me siento un poco como el protagonista de aquella película.

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