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Uvas sagradas de un río de oro 16. Ribeira Sacra II. Cruceiros


La abundancia de elementos interesantes que se anuncia en la carretera puede llevar a un avance absurdamente lento. Al no llevar un mapa con referencias concretas desconozco si me impulsan hacia obras maestras o hacia otro despiste más que engrose las estadísticas y acorte el tiempo para otros lugares.
Eiradela no decepciona. El desvío hacia la aldea merece la pena. Es de sabor antiguo, no prostituido por la modernidad. Camino de la iglesia observo un hermoso hórreo. El hórreo es uno de los grandes protagonistas de un arte mal llamado menor. Se eleva sobre el suelo para impedir que las ratas y los insectos devoren el grano que se almacena entre sus paredes ventiladas. Son como casitas para los frutos del campo. El más grande que conozco lo vi en Carnota, hace muchos años. Aunque estoy acostumbrado a verlos aún despiertan mi interés.

Paro junto a la iglesia, dedicada a San Caetano, cortada por el mismo patrón de la anterior. Lo que es más singular es el cruceiro y, debajo, el peto de ánimas.
Siempre me fascinaron esas cruces de piedra de significados ocultos. Siempre hay un cruceiro al que encomendarse para cada deseo. Los encuentras en cruces de caminos, en encrucijadas, ante las iglesias, cercanos a los cementerios. Son herencia de los menhires y de los milladoiros romanos, de las cruces irlandesas de los siglos VI y VII, según leo en un interesante artículo de Pablo Nadal. Captaron lugares sagrados para las filas del cristianismo. Protegían de lo que pudiera llegar del más allá o de la Santa Compaña, marcaban los límites entre parroquias, presidían los lugares por donde pasaban las procesiones o los entierros, eran signos de devoción o de contrición por un pecado, agradecían un favor divino o expiaban una culpa.
"Los cruceiros gallegos son antenas que nos conectan con el más allá. Enlaces de piedra entre las leyendas y los habitantes de esta tierra mágica", concluye Nadal.
Castelao decía en su obra As cruces de pedra de Galiza, que donde hay un cruceiro casi siempre hubo un pecado y cada cruceiro es una oración de piedra que hizo descender un perdón del cielo por el arrepentimiento de quien lo pagó y por el sentimiento de quien lo hizo.

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