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Sicilia: Sueños de una isla invadida 6. Palermo VI. La Martorana y san Cataldo.


A la espalda del ayuntamiento se encontraba la plaza Bellini y dos interesantes iglesias que pertenecían al arte árabe-normando, un estilo particular de Sicilia.
Los normandos se encontraron tras la conquista con un pueblo desarrollado y sofisticado. La cultura de los invadidos era superior a la de los invasores, que la asumieron y adaptaron. Los arquitectos árabes dejaron de construir mezquitas para entregarse a la construcción de iglesias y catedrales. Para la decoración interior se contrató a artesanos bizantinos que se alejaban del cada vez más evidente peligro turco.


La Martorana o Santa María del Almirante quizá fue proyectada como mezquita, aunque los datos recopilados no eran determinantes. Quien impulsó su construcción fue Jorge de Antioquía, almirante al servicio de aquellos normandos que acababan de conquistar la isla. Su imagen a los pies de la Virgen quedó inmortalizada en un mosaico del lado septentrional. Enfrente, Roger II era coronado por Cristo, lo que quizá tuviera una simbología especial ya que habitualmente los reyes eran coronados, para ganar en legitimidad, por el Papa.


Lo primero que apreciamos desde el otro lado de la plaza fue su hermoso campanario de arcos geminados y su portada barroca, que databa de 1588, cuando se produjo una de las ampliaciones del templo.
Al entrar quedamos impresionados por los mosaicos dorados que brillaban con la luz de la tarde. Las sucesivas reformas habían respetado una parte de sus mosaicos que estaban emparentados con los de Cefalú y la Capilla Palatina, que utilizaron el mismo grupo de artistas bizantinos.


El ábside fue demolido en 1683 y se sustituyó por una capilla barroca con frescos en la cúpula y pechinas, un cuadro de la virgen en el centro y unas esculturas también barrocas.
En las Vísperas Sicilianas, los nobles se reunieron en esta Iglesia para ofrecer el trono de Sicilia a Pedro II de Aragón, lo que inició una presencia española casi ininterrumpida hasta la caída de los Borbones en 1860. Fue el rey aragonés Alfonso quien cedió la iglesia al cercano convento de La Martorana, como capilla. El convento no ha llegado a nuestros días.

Nos tomamos un buen rato admirando los mosaicos que representaban ángeles y apóstoles, a Cristo en majestad bendiciendo a cuatro arcángeles, escenas bíblicas e históricas. Actualmente era iglesia de culto ortodoxo.


La iglesia que observamos a la derecha de La Martorana, en la plaza, un cubo con tres cúpulas rojas de aspecto islámico, era San Cataldo. Desde luego, tuvimos la impresión de estar visitando una mezquita cristianizada. También había sido impulsada por un almirante del siglo XII, Maio di Bari, pero a su muerte la iglesia quedó incompleta. Sin embargo, ese interior desnudo de decoración, de muros que exhibían la piedra cruda, seducía como algo especial. Un Cristo pintado sobre la Cruz, quizá del siglo XIII o XIV, colgaba sobre el ábside. El templo pertenecía a los Caballeros del Santo Sepulcro.

El pavimento, al igual que en La Martorana, era el original, muy similar al que encontrabas en otras iglesias medievales de Italia.


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