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Kirguistán 30. En tránsito hacia Kochkor.



La idea inicial era hacer un picnic en una playa del lago, pero hubo que olvidar ese planteamiento por el mal tiempo. Comeríamos en la casa donde nos alojaríamos en Kochkor. Eso retrasaba nuestro almuerzo.
En cuanto abandonamos la zona más cercana al lago, que mostraba un peculiar oleaje por la acción del viento, y te introducías hacia las montañas, las posibilidades eran inmensas. En el plano aparecían varios cañones: Altyn-Arashan, Karakol, Kyzil-Suu, Juuku, Barskoon… En el municipio de Tamga, al que pertenecía Skazka, la variedad era enorme. Al observar a un grupo de chavales jóvenes caminar junto a la carretera con sus pesadas mochilas me dio cierta envidia. Me hubiera gustado disponer de suficiente tiempo para explorar las diferentes rutas o atacar alguna travesía de montaña, como Iluminada y Javier, aunque para ello necesitaría mejor forma física.

Continuamos por la carretera paralela al lago hasta Bokombaev, que tomaba su nombre de un poeta del siglo XX que había fallecido por estos lares. Las dos siguientes referencias en el camino fueron una gran estatua dedicada al más importante narrador del Manás, en la parte alta, y un centro cultural abandonado, en la parte baja. En nuestro mapa básico no aparecían.

Al quedarme con la mirada fija hacia el paisaje memoricé sus diversas capas: la primera, de verde intenso, de prados; la segunda, de montañas erosionadas y casi despojadas de vegetación; la tercera, de altas montañas coronadas de nieve; la cuarta, de nubes grises enganchadas a los picos.

Tras varios núcleos de población pequeños, entramos en un paisaje estepario que se alternaba con campos verdes y escasa presencia humana. Me pregunté cómo sería aquí el invierno, cuando la nieve lo aislara todo. Era un paisaje básico. La carretera empezó a subir.


La monotonía cesó con un pantano, el de Orto-Tokoy, o del Bosque Medio. Estaba bastante bajo, quizá a la mitad de su capacidad. De disminuir aún más sería visible el pueblo que quedó sumergido al construirlo. Era el coste de la generación de electricidad.
La carretera había sido construida por los chinos, como muchas otras del país, contribuyendo a la importante deuda con los vecinos del este. Aunque su calidad no era buena, había sustituido a otra anterior que era infernal y plagada de baches. Gracias a esas infraestructuras estas zonas remotas habían quedado comunicadas y sus gentes disfrutaban de un cordón umbilical con la civilización. La carretera hacia Kashgar y China era la que estaba en mejor estado de mantenimiento. Los bruscos cambios climáticos machacaban el firme.


No volvimos a ver el sol en todo el día, pero tampoco volvió a llover con intensidad. Caían unas gotas, los campos se ponían preciosos, las montañas rojas se revitalizaban y las de retaguardia se difuminaban en tonos grises que jugaban con las nubes. Dejamos que los kilómetros pasaran y que la carretera nos mostrara el interior del país.

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