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Uzbekistán 53. Jiva. El museo Matpanoh Boy


Fuera nos esperaba el ambiente comercial de las calles, los bazares, los puestos de artesanías, las mercancías que buscaban la protección bajo las sombrillas, los vendedores que sonreían y se esforzaban por hacerse entender. Era la Jiva por la que transitaban los lugareños, por donde caminabas sin un propósito fijo –si no tenías prisa, claro está-, la que ofrecía un conjunto de construcciones populares, de viviendas, de elementos cotidianos.
El museo de la madrasa Matpanoh Boy era un homenaje a los grandes personajes del pasado, como Al-Beruny, autor de un mapa del mundo que reflejaba un territorio donde se ignoraba a Europa, lugar marginal en aquella época. Era el mundo musulmán el que prevalecía, el eje de la historia. También homenajeaban a Al-Jorezm, el descubridor de los algoritmos.
La Edad Media fue el momento álgido del poder y la cultura del islam. Los árabes fueron conquistando territorios y paulatinamente los fueron convirtiendo a la nueva fe del profeta Mahoma. La conquista llevó consigo también la asimilación de la cultura de los pueblos conquistados y la propagación de ese saber desde oriente hasta occidente. Asia central y Transoxiana no fueron ajenos a ese fenómeno.
Al-Jorezm o Al Juarismi nació en Jiva hacia el 780 y murió en Bagdad hacia el 850, donde estudió y trabajó durante muchos años en la Casa de la Sabiduría que había patrocinado el califa abasí Al-Mamun. Álgebra, guarismo o algoritmo proceden de su nombre. Fue el introductor del sistema de numeración que actualmente utilizamos, el arábigo.
Por aquella época, occidente estaba sumido en la oscuridad mientras que las ciencias se desarrollaban en oriente. Nuestro país también se vio favorecido de ese saber a través de la conquista árabe y los ocho siglos de historia de Al-Ándalus. Científicos andalusíes se desplazaron a Asia y otros encontraron acogida en la península ibérica.
Los musulmanes fusionaron el conocimiento de los griegos con él en la India y lo prolongaron con un desarrollo que tuvo como factor favorable el trabajo conjunto de un grupo de sabios que coincidieron en un mismo lugar e intercambiaron su saber. Ese fue el caso de Al-Jorezm, matemático, astrónomo y geógrafo.
Saltamos a la segunda mitad del siglo X. En el año 973 nace en Kath, en Jorezm, el matemático, astrónomo, físico, filósofo, viajero, historiador y farmacéutico (copio la relación de méritos de Wikipedia) Al-Biruni. Murió en 1048. En el 980 nació Ibn Sina, Avicena, en Bujara, concretamente en Afshona, el más eminente de los médicos. Ambos mantuvieron una estrecha relación epistolar que les permitió compartir pareceres científicos. Por aquella época el sabio abarcaba todas las materias y era tan buen astrónomo como conocedor y comentarista del Corán, calculaba el radio de la esfera terrestre, como fue el caso de Al-Jorezm (con un error inferior al 1%), para después escribir un tratado de óptica o dedicarse a las meditaciones filosóficas, como los personajes de nuestro Renacimiento.
No tuvieron una vida fácil. Habitualmente se vincularon con un gran señor y formaban parte de su corte, con todos los privilegios pero también con todos los problemas que implicaba. Al Biruni acompañó a Mahmud de Gazni en sus campañas contra la India, lo que dio lugar a su libro Crónica de la India. Parece que fue parte del “botín” de Mahmud al conquistar Bagdad.
Es curioso: a la mayoría de esos sabios musulmanes les han dedicado un cráter en la luna y un asteroide.
En otras salas aparecían representaciones, objetos y cuadros relacionados con el zoroastrismo. Nos habíamos familiarizado con Ahura Mazda y Angra Mainlu, la sabiduría y su principio antitético, el espíritu hostil, las torres de fuego, su influencia en el arte y en el gobierno. Lo que descubrí poco después del viaje fue la vinculación de los reyes magos con esa religión.
En las clases de religión del colegio nos explicaron que aquella epifanía de los gentiles no había sido de poderosos reyes. La adoración de los magos, que había dado origen a nuestra tradicional festividad del 6 de enero, se relacionaba con sabios, con hombres que sabían interpretar las estrellas. Aquellos magos podían ser sacerdotes zoroastrianos, como señalaba William Dalrimple en su libro Tras las huellas de Marco Polo, al interpretar un pasaje del libro del comerciante y viajero veneciano.
Al regresar a Madrid busqué esa referencia en la Biblia, concretamente, en el Evangelio de San Mateo, capítulo 2, versículos 1 al 12. No aparecía en ninguno de los otros evangelios. La referencia a la observación de las estrellas –“porque vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle”- junto con la referencia de su viaje desde el este abonaba esa idea. El escritor británico también vinculaba a los magos con los sacerdotes de Zoroastro por la interpretación que realizaba sobre los regalos ofrecidos: oro, incienso y mirra.
En la web www.adelantelafe.com el término mago era “nombre de excelencia y grandeza, designaba entre los persas, caldeos y medos a unos hombres de raza sacerdotal, sabios, filósofos, que cultivaban la medicina y la astrología, consejeros de los reyes, ministros del culto, maestros de religión…” Se consideraba que eran persas “ya que de este país era originaria la casta de los Magos”. Parece que se estableció su número en tres por los bienes que ofrecían y por considerar la leyenda que eran los representantes de las tres grandes razas humanas: Sem, Cam y Jefet. Aquellos magos se desplazaban desde Oriente conocedores de que vendría el Mesías, un gran rey de Judá que sometería al mundo. Por cierto, el profeta Daniel fue denominado en Babilonia “príncipe de los Magos (Daniel 5, I, 1).
Siempre me llamaron la atención los tres presentes u ofrendas, que luego se tomarían como base para nuestra tradición de regalar en esa fecha. El oro era la riqueza material, el metal regio, también era el oro de la fe y de las buenas obras que ofrecían los creyentes; el incienso se usaba en honor de la divinidad, que sería la ofrenda de oración y piedad; la mirra se utilizaba para embalsamar a los cadáveres en Oriente y simbolizaría la mortificación de la carne y la castidad.

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