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Uzbekistán 21. Sharkhrisabz. El palacio Ak Saray


En las ciudades de Oriente
se buscan los colores del pasado
y las sombras del presente.

De Samarcanda, de Amin Maalouf.

Los 90 km del trayecto que separaban Samarcanda de Sharkhrisabz (o Shahr-e Sabz, que en tayiko significaba “ciudad Verde”), no depararon demasiadas novedades en el paisaje de la región. Los campos estaban bien cultivados, las ramblas secas y los pueblos y ciudades que atravesamos estaban muy animados. Las mayores concentraciones de vehículos correspondían con esas atípicas estaciones que eran las agrupaciones de taxis o camionetas compartidas, las marshruktas, una alternativa bastante viable de transporte. El avance fue lento y tardamos casi dos horas en alcanzar la ciudad.


El campo de Uzbekistán estaba cambiando. El algodón estaba en recesión y su lugar lo ocupaban los árboles frutales. Valejon comentó que uno de los productos estrella eran las cerezas, que exportaban a varios países, siendo el principal Rusia. Por otra parte, importaban piñas, plátanos y patatas de Pakistán.

Pasamos por una amplia zona de cultivos. La montaña quedaba a nuestra izquierda. En cuanto aparecía el agua, el desierto se transformaba en un vergel. Saltamos canales de diversa amplitud que, sin duda, eran fuentes de vida. Pasamos al río Dangom (o algo parecido), llegamos a Nurobod y contemplamos una carretera que no llevaba a ninguna parte. Las ramblas secas se habían olvidado de lo que era una gota de agua. Un mercado, una argumentación de gente, chevrolets nuevos, ladas antiguos. Otros poblados, milagros que eran vergeles nacidos del agua. Las mujeres vestían una especie de kurta pajama como las de la India. Las de edad intermedia iban con vestidos largos con florecillas.
Los embajadores alcanzaron la ciudad de Kesh (Quex en el relato), el 28 de agosto de 1404. Era la ciudad donde había nacido Tamerlán, aunque realmente lo hiciera a pocos kilómetros, en la aldea de Hoja Ilghar. Se trataba de la moderna Sharkhrisabz.

Leí que la ciudad tenía 2.700 años de antigüedad. La antigua Nautaca, posteriormente bautizada como Dilkesh, la de corazón agradable, de donde procedía su nombre medieval, Kesh, o Qubbat al-eleem va al-adab, cúpula de las ciencias y la educación, gozaba de una amplia historia. En este lugar Ptolomeo capturó a Artajerjes, lo que supuso el final de la dinastía Aqueménida. Fue también lugar de descanso de Alejandro Magno en el invierno del 328-327 a.C. En la posterior campaña contra los bactrianos consiguió el premio adicional de la hermosa Roxana. La zona fue escenario de una gran resistencia a la invasión árabe.
La descripción que refleja Clavijo es difícilmente imaginable al contemplar la actual ciudad, que estaba ubicada en una zona llana y fértil:
“…la cual ciudad estaba en un llano y por todas partes de ella le pasaba muchos arroyos y acequias de agua y habían muchas huertas y casas alrededor de ella…y por estos llanos había muchos panes sembrados que se regaban, muchas viñas y muchos algodones y melonares, y muy grandes arboledas de frutales: y esta ciudad era cercada de muro de tierra, y había cavas muy hondas, y a las puertas puentes levadizas”.

Este era el lugar elegido por Tamerlán para que reposaran sus restos al morir. Allí estaba enterrado su hijo Jahangir y su padre y su intención fue la de crear un panteón familiar acorde con su poderío, como reflejaba Clavijo:
… y en esta ciudad había grandes edificios de casas y mezquitas, señaladamente había una gran mezquita que el Tamurbec mandó hacer para sí, para que se enterrase, y aún no era acabada… Y otrosí estaba en esta mezquita enterrado el hijo primero que el Tamurbec tuviera, que había nombre Ianguir (Jahangir): y esta mezquita y capillas era muy rica y muy bien obrada de oro y de azul y de azulejos; y en ella está un gran corral con árboles y albercas de agua y en esta mezquita hacía el señor dar de cada día veinte carneros cocidos por el alma de su padre y de su hijo que allí yacían.
El mayor atractivo de la ciudad consistía en el monumental palacio de verano de Tamerlán: el palacio Aksaray (palacio blanco o bello). Debió estar rodeado de una muralla similar a la que se conservaba en la actualidad, de color adobe y fuertes torres circulares. Ese elemento daba grandiosidad al complejo. Desgraciadamente, sólo se conservaba parcialmente el pishtak o pórtico. Eran dos gigantescos pilares que debías prolongar con la imaginación hacia el cielo y uno hacia el otro para reconstruirlo. Esa simulación era más exacta con la reproducción fiel que había realizado un pintor local que había fabricado una maqueta completa reponiendo todos los azulejos que ahora faltaban. Sin embargo, en peor estado se encontraba hace casi un siglo, como también comprobamos en unas fotos antiguas. El pórtico alcanzaba una altura de más de 40 metros, con una envergadura de arco de unos 22 metros. Las pilastras angulares eran colosales. En el pórtico había una interesante inscripción: “si dudas de nuestro poder, mira entonces nuestros edificios”.

Tamerlán necesitaba legitimarse y optó por la grandiosidad de las construcciones que dirigió durante su mandato, como hicieron otros dirigentes en similares circunstancias a lo largo de la historia. Tardaron 25 años en completarlo.
Clavijo y los Embajadores también visitaron el palacio, que estaba construyendo el gran señor desde hacía dos décadas y que les dejó muy impresionados:
Y otro día viernes llevaron a los dichos Embajadores a ver unos grandes palacios que el Señor mandaba hacer, que decían que hacía veinte años que laboraba en ellos de cada día, y aún hoy labraban en ellos muchos maestros; y estos palacios habían una entrada luenga, y una portada muy alta, y luego en la entrada estaban a la mano derecha y a la siniestra arcos de ladrillo cubiertos de azulejos hechos a muchos lazos; y so estos arcos estaban unas como cámaras pequeñas sin puertas, y el suelo cubierto de azulejos; y esto era hecho para que se sentasen las gentes, cuando allí estuviese el Señor. Y luego de esto estaba otra puerta, y delante de ella estaba un gran corral enlosado de losas blancas, y cercado todo de portales de obra bien rica, y en medio de este corral estaba una gran alberca de agua y este corral era bien trescientos pasos en ancho: y de este corral se entraba a un grande cuerpo de casas, en el cual había una portada muy alta y muy ancha, y labrada de oro y de azul y de azulejos, de una obra bien hermosa: y encima de la portada en medio de ella estaba figurado un león metido en un sol; otrosí a los cabos otro tal figurado, y éstas eran las armas del señor de Samarcante…Y de esta puerta entró luego un recibimiento que era hecho como cuadra, que había las paredes pintadas de oro y de azul, y alisares de azulejos, y el cielo era todo dorado: y de aquí llevaron los Embajadores a unos sobrados, ca toda esta casa era dorada; y allí les mostraron tantas casas de apartamentos, que sería luengo de contar: En los cuales había obras de oro y de azul, y de otras muchas colores hechas a muchas maravillas; y para dentro en París, donde son los maestros sutiles, sería hermosa obra de ver. Y que les mostraron cámaras y apartamientos que el Señor tenía hechas para estar con sus mujeres, que habían extraña obra y rica, y así en las paredes como en el cielo y en el suelo; y de estos palacios estaban laborando los maestros de muchas maneras.
Nos movimos en torno a aquellos restos y confirmamos su grandiosidad al situarnos en la base, donde recibimos las explicaciones de Valejon. Parece que en su momento de máximo esplendor estuvieron adornados con piedras preciosas que brillaban de forma diferente al avanzar la jornada. En la base, el habitual puesto de recuerdos. Me pregunté si tendría licencia o algún tipo de permiso para ocupar tan privilegiado lugar.


Nos alejamos, observamos los restos del suelo original bajo una cobertura de cristal y algunos de los perímetros de estancias que marcaban con cuadrados de ladrillo. El resto parecía formar parte del jardín bien cuidado que lo había tapado, algo de lo que se beneficiaban los lugareños. En esta ocasión, la restauración no había sido total y faltaban amplios paños de azulejos. Esa zona se correspondía con el patio y un estanque. El patio estuvo cerrado con un muro de dos pisos con varias salas y estancias.

Los Shaybánidas causaron su destrucción en el siglo XVI. Estaban interesados en eliminar cualquier recuerdo de Tamerlán y sus descendientes. Los restos fueron aprovechados por los lugareños para construir sus casas.


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