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El blanco y tenue sortilegio del sol japonés 26. Ginza I


En nuestro periplo por los lugares de tiendas más significativos de Tokio nos dirigimos a Ginza, el lugar de la plata, por acoger en la época de los Tokugawa una ceca que producía monedas de plata.
Fue también la primera experiencia en el metro, que utilizamos poco durante nuestra estancia. Un empleado nos ayudó a sacar los billetes, que se pagaban según zonas y tramos. En un gran plano sobre las máquinas expendedoras-no había cobradores físicos-se especificaba el importe.
En 1872-según leí en la web www.orientalarchitecture.com- un incendio arrasó la zona, lo que dio la oportunidad al gobierno para reconstruir el barrio en estilo occidental, tan del gusto del emperador Meiji. Se encargó el proyecto al arquitecto inglés Thomas Waters. La reconstrucción se llevó a cabo en ladrillo, un material desconocido en la época en Japón, acostumbrado a construir en madera. El resultado fue hermoso, pero poco práctico al ir contra la tradicional arquitectura de construcciones abiertas y aireadas.
Las calles se plantaron de sauces, en 1882 llegó el alumbrado y un tranvía tirado por caballos recorría la avenida principal. Las imágenes de la época muestran una calle europea con una columnata prolongada. La zona se convirtió en un barrio de compras para gente de alto nivel adquisitivo, una etiqueta que le acompañaría en los años posteriores. Fue la época de los chicos bastón, jóvenes que acompañaban a las señoras adineradas en sus paseos, o de los chicos modernos y las chicas modernas, que vestían a la última moda, o las chicas maniquí de finales de los 20 y principios de los 30 que permanecían inmóviles en los escaparates.

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