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Una saga islandesa en autocaravana 56. Hacia el este.


Aquel día abandonamos el sur de Islandia y nos introdujimos en la región del Este, Austurland.
El tiempo cambió significativamente. El sol desapareció tras las nubes de lluvia y el paisaje se tiñó de una pátina gris que homogeneizaba y descafeinaba los colores. Sin embargo, ese ambiente amenazador del cielo también destacaba otra forma de belleza agreste.
Dejamos atrás los glaciares y fuimos avanzando por la carretera de circunvalación que se ajustaba al espacio entre la costa y la montaña. El tráfico era leve.
Salimos de Höfn y atravesemos el túnel de Almannaskard. Antiguamente, la carretera se enfrascaba en rampas tremendas que dificultaban la circulación. Sus 1300 metros bajo la montaña mejoraban las relaciones entre las dos zonas.

Bordeamos la zona de Lón, pasamos cerca de la granja Stafafell y realizamos una parada. Nuestras notas no indicaban el nombre del lugar, pero la presencia de un faro y una playa de arena negra nos hacen pensar en Hvalnes. El viajero debe estar dispuesto a bajar del vehículo en alguno de los desvíos o miradores que ofrece la carretera para empaparse del paisaje bajo la lluvia fina.
El trayecto hasta Djúpivogur era de 105 kilómetros. Podías hacerlo de un tirón, quizá con alguna pequeña parada, dejándote llevar por el asfalto, escuchando música o charlando. El vehículo actuaba como improvisado mirador sobre las montañas de arena volcánica sin apenas vegetación, desoladas, o la línea de costa recortada y plagada de islotes. Era el ámbito de los fiordos de Alftafjördur y Hamarsfjördur.

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