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Una saga islandesa en autocaravana 44. El volcán Katla.


La zona se caracterizaba por su escasa población, violentos vientos (mucho cuidado con las puertas del coche, que no estaban cubiertas por el seguro), la ausencia de árboles, mayor que en otros lugares de la geografía islandesa, las desembocaduras de múltiples ríos glaciares, que obligaban a trazar sobre la carretera de circunvalación un sinnúmero de puentes por los que sólo podía pasar un coche, y extensos páramos. Estuvo incomunicada por tierra hasta tiempos recientes por la dificultad de construir la carretera a causa del terreno. Tardaron mucho en completarla.
El paisaje lunar se extendía hasta las montañas, bastante alejadas de la carretera. Sobre ellas, los campos helados del glaciar. El viento agitaba el coche con fuerza, como si detestara nuestra presencia. En ocasiones, era complicado mantenerlo controlado.
El Katla entraba en erupción con una regularidad que iba de los 13 a los 95 años. Ya que la última fue en 1918, se esperaba una gran erupción. En 2017, la actividad sísmica se había incrementado en la zona y todo hacía pensar que no superaría su límite temporal máximo. De las diez anteriores erupciones, ocho fueron entre septiembre y noviembre, con el deshielo glaciar. Cuando conducíamos por el lugar desconocíamos estos detalles. Casi mejor.

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